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DEBATE ABIERTO, la página de Roberto Pérez Betancourt

El MUNDO EN QUE VIVIMOS

Pesado legado de W. Bush abruma a Barack Obama

Pesado legado de W. Bush abruma a  Barack Obama

 

Roberto Pérez Betancourt

 

   Poco antes de asumir la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama   se confiesa abrumado por las graves crisis que heredará de la administración saliente de W. Bush, el más impopular de los mandatarios que haya tenido esa nación.

   Mientras, W. Bush, arropado con santas vestiduras, ante la prensa,  invoca el nombre de Dios, con quien afirma conversar cada día. Confiesa, sin pudor, que incurrió en   errores y, como pecador y sacerdote a la vez, se  exculpa a sí mismo, achacando las responsabilidades a quienes, dice, lo asesoraron mal.

   ¿Qué le deja Bush a Obama en el menú presidencial?: un rosario de problemas y conflictos.

   Fueron ocho años en los que el petrolero de Texas trató a sus vecinos de América Latina con la fría y cruel indiferencia con que sus ancestros veían el holocausto europeo mientras negociaban con la Alemania nazi.

   Frescos están el trato injerencista, de corte fascistoide, hacia los legítimos gobiernos de Venezuela,  Bolivia y Nicaragua; los denunciados  intentos de magnicidio contra Hugo Chávez y Evo Morales; los cientos de millones de dólares dilapidados para intentar desestabilizar a Cuba, y el vergonzoso amparo a terroristas de origen cubano que deambulan por la Florida.

   El inventario de problemas dejados sobre la mesa de Obama constituye récord. Tras reiterar no opinará sobre las guerras en Iraq y Afganistán hasta asumir la presidencia el 20 de este mes, admite que su primera prioridad resulta la crisis económica en expansión, de la cual se ha estado ocupando directamente.

   Más allá de interpretaciones académicas sobre el fenómeno económico, el desempleo galopante en Estados Unidos alcanza a más de 11 millones 100 mil personas, a las que se añaden  ocho millones de empleadas a tiempo parcial, más otro número voluminosos de quienes arriban a la edad laboral y  no encuentran trabajo.

   Hasta el último minuto, el ejecutivo saliente negó la crisis que se expandía bajo sus narices, estaba ocupado en justificar dislates que conllevaron gastos multimillonarios en dos guerras y desbordaron la deuda pública norteamericana a niveles sin precedentes, a la par que  enriquecieron aún más a sus socios empresarios.

   Esa  es solo  una parte de la herencia que deja la nefasta administración de W. Bush.

   El legado arrastra también el odio de iraquíes y afganos, quienes han sobrevivido a las masacres yanquis, sin que todavía hallen respuesta a sus por qué, como tampoco la encuentran los palestinos que sufren el visto bueno de W. Bush a la sangrienta agresión sionista en la Franja de Gaza.

   Sabe Obama que ese odio no se extinguirá por arte de magia el 20 de enero, pues esa fecha solo echará a andar un reloj que, minuto a minuto, marcará el tiempo de sus decisiones.

   Deberá ponerse coto a las torturas y cerrar la cárcel de Guantánamo, territorio ilegalmente usurpado por EE.UU. a Cuba.

   Obama también recibe un país  con lacerada imagen internacional; el desamparo en los servicios de salud que hoy padecen 50 millones de estadounidenses y la cacería de inmigrantes que después de haber pagado impuestos durante decenios son deportados y separados de sus familias, sin garantía de futuro.

   El inventario anterior es solo una muestra de la agenda que le deja  Bush a Obama, la cual   aguarda por las decisiones del nuevo Presidente norteamericano. Tendrá que afrontarla con la urgencia  que requiere el tratamiento de un enfermo grave.

Retos para Obama

Retos para Obama

 Roberto Pérez Betancourt

 

  Tras ganar ampliamente las elecciones presidenciales de Estados Unidos, el martes cuatro de noviembre, en una jornada que registró asistencia de más de 130 millones de votantes, considerada récord, el demócrata Barack Obama deberá afrontar grandes retos en el ejercicio del poder ejecutivo.

  Obama hereda la desastrosa administración del republicano W. Bush, que concluye su segundo período en la Casa Blanca  como el mandatario más impopular en la historia de Estados Unidos.

   Dos guerras de agresión, una economía en plena crisis progresiva, elevado desempleo con tendencia a seguir incrementándose, déficit de servicios asistenciales -especialmente médico- sanitarios y educacionales-, más de 45 millones de personas sin seguro de salud y multitudinarias  marchas  de inmigrantes que protestan a punto de ser deportados, forman parte del panorama abierto al nuevo Presidente de EE.UU.

  Desde el 20 de enero, cuando tome oficialmente posesión del cargo, el hombre que ha hecho historia en la nación norteña también tendrá ante sí el panorama de  millares de familias quedaron sin techo propio y muchos de ellos   duermen en la vía pública, tras haber sido desalojadas de sus viviendas por no poder pagar las hipotecas.

  Otra situación difícil será  la agudización de conflictos internacionales a los que el presidente W. Bush ha conducido a la Unión Americana, debido a su política hostil, discriminatoria y hegemónica.

  Muchos otros asuntos  demandarán también la atención urgente del nuevo Presidente norteamericano, en quien millones de sus compatriotas han confiado su esperanza de que mediante su gestión ejecutiva, sumada al poder legislativo conquistado por los demócratas, la nación puede enrumbar por senderos de rectificación.

  No será fácil, porque en la base de la herencia recibida por Obama está la crisis estructural y económica de características múltiples que padece el propio sistema.

   A simple vista, el fenómeno Obama se explica por el desencanto generalizado en la sociedad estadounidense, en particular entre los jóvenes,  expresado en más de 150 millones de personas inscriptas para votar.    

   Precisamente  la suma de crisis en Estados Unidos, y en especial el efecto concreto del desempleo y las afectaciones económicas en los bolsillos de los votantes, han sido factores decisivos en lo que hoy multitudes de norteamericanos celebran como  milagro: un afrodescendiente ha ganado la silla presidencial en un país donde apenas unas décadas atrás un negro no podía sentarse en un ómnibus.

   Para empezar, bastaría con que las promesas incluidas en la plataforma electoral promocionada por Obama comenzarán a tomar forma real con la inmediatez de lo urgente.

No, no será fácil para Obama, quien ante todo destará compulsado a preservar los intereses del gran capital y del sistema capitalista mismo, una parte del cual contribuyó decisivamente a que él llegara hasta la cima

   Por otra parte, sin lugar a dudas los actuales  son estos tiempos para cambios, habrá que seguirlos, atentamente...

 

 

 

Salud de jóvenes: Realidades detrás de la fachada

Salud de jóvenes: Realidades detrás de la fachada

Roberto Pérez Betancourt

 

   Estadísticas que  citan factores  principales  relacionados con la  salud y  la mortalidad de los jóvenes en Latinoamérica y el Caribe, suelen enmascarar  las verdaderas causas del drama  que se acentúa en la región por el déficit asistencial.

   En el grupo de entre 15 a 24 años de edad, estudiosos  afirman que las  causales fundamentales que conducen a la muerte son   homicidios, accidentes del tránsito asociados a la ingestión de bebidas alcohólicas y otras drogas, y el suicidio.

   Se incluyen entre las  mujeres  las complicaciones del embarazo, parto y puerperio,  pues   38 por ciento de ellas queda embarazada antes de cumplir los 20 años; entre el 15 y 20 por ciento de los bebés, son hijos de adolescentes.

   Las conductas de riesgo que asumen los jóvenes aparecen vinculadas implícitamente con el ejercicio  de la propia voluntad, condicionado por  cierta “herencia o hábitos de carácter cultural”, pero no suelen analizarse  realidades  socioeconómicas y políticas predominantes en donde residen.

   De esa forma, frías estadísticas y  conceptos aislados que tratan de explicarlas, corren el riesgo  de   ocultar las verdaderas esencias   de los problemas, lo cual enturbia el análisis causal  y entorpece la comprensión de  soluciones vinculadas con la necesidad de cambios estructurales.

   El Centro de Estudios de la Juventud en Cuba afirma   que en el segmento de las jóvenes mujeres de Centroamérica --entre 10 y 19 años de edad--, las razones más frecuentes de egresos hospitalarios (31 por ciento) se relacionan con gestación,  parto y  puerperio.

   Lógicamente esos elementos científicamente son inseparables de educación sexual, alimentación y condiciones generales de atención sanitaria y médico asistencial, los cuales determinan  las elevadas tasas de mortalidad infantil y de muertes maternas que se aprecian en la mayoría de los países del área.

   El contraste es Cuba, donde las condiciones sociopolíticas y económicas garantizan una atención estatal que privilegia a la madre y al niño, la cual se traduce hoy en la tasa de mortalidad infantil de apenas 4,8 por mil nacidos vivos, la más pequeña de Latinoamérica y menor a la de EE.UU.

   La pandemia del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA)  eleva el contagio y la tasa de mortalidad entre los hombres y mujeres comprendidos de 15 a 24 años de edad en América Latina, donde se aprecia un incremento del 15 por ciento anual de la propagación de otras enfermedades de transmisión sexual.

   Sin estar exenta de riesgos y de sufrir  consecuencias de tales enfermedades, la juventud  tiene en la Isla el privilegio de contar con un sistema de salud gratuito, de cobertura universal, moderna y eficiente.

   Como parte de la prioridad de que goza la atención a  los menores,  también se aprobó  la extensión de la atención a los adolescentes hasta los 17 años 11 meses y 29 días en los hospitales pediátricos de todo el país.

   Sin embargo, en Cuba tal servicio deviene igualmente privilegiado por el Estado y se mantienen los índices de infestación dentro de rangos mínimos y la estrategia de brindar eficaz seguimiento a los enfermos, quienes mejoran su  calidad de vida y prolongan la expectativa de existencia. 

Dicta Bush Manual de cinismo antiterrorista

Dicta Bush Manual de cinismo antiterrorista

Roberto Pérez Betancourt

 

   Todavía la prensa mundial comenta lo que califican como Manual de cinismo antiterrorista: el discurso  en la ONU del presidente George W. Bush.

   Un análisis de los contenidos de la perorata demuestra que los conceptos que utilizó el mandatario fueron diseñados para ser digeridos  por un público políticamente analfabeto y temeroso, emocionalmente llevado a la histeria mediante sistemáticas mentiras supremas.

   Veamos algunos párrafos de la nueva busheada:

          “... al asesinar adrede a inocentes para promover sus objetivos, estos extremistas desafían los principios fundamentales del orden internacional...”

   ¿Atormentado por su baja popularidad, Bush decidió hacerse una autocrítica ante el mundo?

   Nada de ilusiones. Aunque esas palabras parecen sintetizar su vocación guerrerista materializada contra los pueblos de Iraq y Afganistán, sin el menor pudor ante la historia, W. pretende calificar a otros.

          “... Como estados soberanos, tenemos la obligación de gobernar responsablemente y resolver problemas antes de que crucen fronteras...”

   Se olvidó de la crisis económica de su país,  que galopa hacia todas las latitudes del globo.

   La que sigue es una perla aún mayor:

          “Tenemos la obligación de evitar que nuestro territorio sea usado como santuario del terrorismo y la proliferación y la trata humana y el crimen organizado...”

   ¿Cuántos norteamericanos que hayan leído o escuchado esa frase sabrán que personalmente W. Bush  ampara en el sur de la Florida a decenas de terroristas, cuyos crímenes constan en   expedientes que atesora el Buró Federal de Investigaciones de la Unión, entre los que destacan Luís Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila?

   La próxima merece el premio frambuesa al descaro público:

          “... en vez de simplemente aprobar resoluciones que censuran los atentados terroristas después de que ocurren, debemos cooperar más estrechamente para evitar que los ataques terroristas sucedan”.

   A propósito, la gran prensa norteamericana todavía no ha “descubierto” que en 1998 las autoridades cubanas facilitaron a las estadounidenses información confidencial sobre las actividades terroristas en el sureño Estado floridano, y en vez de actuar contra los criminales, apresaron a Cinco cubanos, cuya gestión permitió recopilar los datos suministrados.

   ¿La siguiente caracterización que hace Bush en su discurso habrá sido inspirada por su propia biografía? Veamos:

          “... Debemos ver a los terroristas como son: cruentos extremistas que explotan a los desesperados, socavan los cánones de una gran religión y procuran imponer su voluntad en el mayor número posible de personas”.

   Sería interesante indagar qué opina el pueblo masacrado de Iraq, sobre lo dicho por el señor mandatario.

   Hay más en el Manual de cinismo del presidente de EE.UU.

          “Llevar a los terroristas ante la justicia no genera terrorismo; es la mejor manera de proteger a nuestro pueblo”, así afirma W. Bush, pasando por alto  su negativa a extraditar a Venezuela al criminal Posada Carriles para que responda por crímenes pendientes en ese país, entre ellos el sabotaje a una nave de Cubana de Aviación en 1976, que costo 73 vidas humanas.

   Paradójicamente, en otro párrafo de su sermón ante la ONU, afirma el orador que “ninguna causa puede justificar que se tomen vidas humanas inocentes, y la comunidad internacional está próxima a la concordancia universal sobre ese hecho.”

   En realidad, la comunidad internacional --excepto el gobierno estadounidense y sus satélites-- ha concordado  en condenar  las guerras de agresión, neocoloniales, encubiertas, de terrorismo de estado y otras expresivas de poder hegemónico unilateral.

   Y poco después, el colmo del cinismo:

          “Debemos continuar esforzándonos por negarles a los terroristas refugio en cualquier región del mundo"… así dijo Bush, sin el menor temblor de voz, y los restos de las víctimas de los terroristas que se pasean libremente bajo el sol de Miami deben de haberse revuelto en sus tumbas.

Cubanos, de pie y combatiendo

Cubanos, de pie y combatiendo

     Roberto Pérez Betancourt

           

 Cientos de miles de personas perdieron sus hogares. Los cubanos  afrontan esta realidad de pie y combatiendo.  No hay tiempo para lamentaciones. La destrucción causada por los huracanes Gustav e Ike abarca prácticamente a todo el archipiélago.

La activa participación de los propios damnificados se suma al  apoyo que brindan integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias  y cooperantes provenientes de zonas menos dañadas por los meteoros,  con la sincera voluntad del hermano que acude a socorrer a su  familia, como los 700 campesinos de las provincias centrales y  orientales llegados a Pinar del Río para ayudar a levantar cientos  de casas de curar tabaco derribadas por la fuerza de los vientos.

 También participan brigadistas de diversas regiones del mundo  (Latinoamérica, Caribe, África y Europa). Acuden con vocación  solidaria, uniendo el verbo consolar con acciones prácticas para  ayudar a reparar y reconstruir.

 La coyuntura es aprovechada por los enemigos de la Revolución.

 Desde EE.UU. las emisoras pagadas por Washington prosiguen el  bombardeo de noticias mentirosas y rumores tendenciosos, dirigidos a  confundir y sembrar la división y el desasosiego entre los cientos   de miles de personas que perdieron todos sus bienes materiales.

  Con la desvergüenza que caracteriza a un gobierno que en su   propio país aún desatiende a decenas de miles de damnificados de  tres huracanes, la administración Bush sigue utilizando a sus  mercenarios asalariados dentro de Cuba con similar intención  oportunista de difundir rumores falsos e intentar otras acciones  desestabilizadoras.

  Son intentos inútiles, otros más en la lista larga de fracasos de  la política anticubana que abarca casi 50 años de criminal bloqueo  económico, comercial y financiero.

  Tales propósitos se estrellan frente a la plena convicción del   pueblo de que nadie quedará abandonado, porque no se trata de mera  consigna, sino es certeza sustentada en medio siglo de atención y  plena justicia social.

  Esta realidad alimenta la esperanza de resarcir los daños y reconstruir hogares, aunque los propios damnificados conocen que la  enorme magnitud de las pérdidas imposibilita resolver de inmediato  todos los problemas.

  Las máximas autoridades cubanas han reiterado esa política de  protección. También alertan que no tolerarán abusos ni  acaparamientos con intenciones de lucro a quienes pretendan    aprovechar la coyuntura de objetiva escasez alimentaria, provocada  por las pérdidas de cosechas en todas las provincias dañadas por los  huracanes.

   En ese sentido se aplica mano firme y justa contra los  especuladores. Se norman precios en los mercados, se sanciona a los  infractores y se adoptan decisiones operativas encaminadas a  garantizar el abastecimiento de bienes básicos de consumo en las  zonas que todo lo perdieron.

  La activa participación popular contribuye decisivamente al éxito  de tales disposiciones, porque se comprende el espíritu de justicia  que las anima.

  La reconstrucción no será tarea de una semana o un mes. Se han  calculado más de cinco mil millones de dólares en daños generales,  entre ellos, las cosechas agrícolas, además de 67 mil viviendas   totalmente destruidas.

  Esta situación, constatada in situ, también incluye la certeza de  que los materiales disponibles fluyen hacia los necesitados, al  igual que las contribuciones que envían países, organizaciones  internacionales y pueblos hermanos con la garantía de la supervisión             estatal estricta para que así ocurra hasta restañar todas las  heridas abiertas por los huracanes.

 A propósito, la organización de Naciones Unidas acaba de  reconocer, luego de evaluar resultados, que la probabilidad de  perecer víctima de huracanes en Estados Unidos es 15 veces superior  a la de Cuba. ¿Lo sabrán los estadounidenses? Sería bueno que se             enteraran de esta y de muchas más verdades.

  El que tenga dudas que les pregunte a las víctimas del Katrina,  que en EE.UU. siguen sufriendo las calamidades que dejó el ciclón y más, porque perdieron también hasta las esperanzas.

  En Cuba, damnificados y cooperantes, el pueblo trabajador y  consciente, está de pie y combatiendo con la certeza de que seguirá venciendo a los enemigos y a las adversidades meteorológicas (AIN) (09/10/08).

 

                          

                              

 

 

 

 

                   

Bush, Obama, Mc Cain, la herencia maldita o la rifa del guanajo

Bush, Obama, Mc Cain,  la herencia  maldita  o la rifa del guanajo

 Roberto Pérez Betancourt

 

  Este  final de septiembre a menos de cuarenta días de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, cuando mandatarios de países del orbe se reúnen en la Asamblea general de Naciones Unidas para debatir cruciales aspectos de la vida de los pueblos, y allí Cuba eleva la voz a nombre de las naciones no alineadas para denunciar  la falta de equidad y la explotación a que son sometidos los seres humanos  del tercer mundo, la escuálida figura de un alcohólico seco hace sus maletas y se dispone a abandonar La Casa Blanca, en Washington.

   Allí ha  habitado como usufructuario oneroso  los últimos ocho años.

   Se irá solo y apestado.

   Quienes hasta hace poco le hacían la corte lo abandonan, porque George W. Bush padece del mal incurable de la impopularidad.

    Es una enfermedad  que  en las sociedades capitalistas de consumo equivale al certificado de defunción política para quien deja tras de sí una estela de odios y sangre que lo acompañará por el resto de su vida.

   Donde quiera que se meta W llevará consigo el cartel ganado para la historia del presidente más impopular que haya padecido Estados Unidos, el más patético y truculento.

   Hace apenas  15 días W proclamaba la sanidad económico- financiera de su país, y ahora  grita desesperado para que  lo ayuden a parar la crisis y no duda en disponer mas de 700 mil millones del erario publico para intentar parar la indetenible bola de nieve de la recesión.

 Intenta confabular a los aspirantes Obama y Mc Cain para compartir la responsabilidad del desacierto económico y financiero anunciado y no atendido, que se  expande ya a Europa y se hace sentir prácticamente a escala global.

    En este contexto, el candidato demócrata Obama ha escalado nueve puntos de ventaja en las encuestas frente al republicano  John Mc Cain, homólogo de Bush, que va en picada, y tan temprano como 40 días antes de los comicios, analistas se predice la victoria del más joven aspirante. 

   Pero, ¡cuidado!: falta por ver como se desempeña el factor racial en las urnas al momento mismo de la votación, hecho inédito: Un mestizo aspirando a la presidencia de EE.UU., 40 años después de las batallas raciales que azotaron a la gran nación del norte.

 La respuesta la tendremos después del cuatro de noviembre,  sin fecha fija, porque en la cacareada democracia norteamericana todo vale.

   Lo único cierto es que quien obtenga la silla imperial también se ganará la rifa del guanajo, es decir; la herencia maldita que deja el  Bush saliente.

 

Los huracanes, el querer y el poder

Los huracanes, el querer y el poder

 

Roberto Pérez Betancourt

 

Han sido tres o cuatro, ya hasta la cuenta se pierde, uno tras otro con pocos días de intervalo. Los dos últimos apenas con ocho jornadas, Gustav y Ike. La civilización del siglo XXI sigue siendo tan impotente ante la furia de la naturaleza como los primitivos habitantes de este planeta. No es pesimismo. Pregúntenle a los más de 40 mil cubanos cuyas viviendas se derrumbaron totalmente  y a los más de 300 mil que vieron volar parte de sus moradas. Algo puede el hombre si está organizado para prevenir. Lo demostró Cuba. En Haití y en otras islas del Caribe las pérdidas fueron mayores, especialmente en vidas humanas. Y como tampoco por esos lares hay registro muy confiables que digamos de los seres humanos que habitan campos, ciudades y pantanos, lo mas probable es que jamás se conozca realmente cuanto perecieron, pero fueron varios cientos de seres pensantes caribeños. En Cuba siete, en cada caso por personas que invocaron a la parca con actuaciones negligentes.

Querer ayudar es espontáneo. Poder hacerlo es otra cosa.

El gobierno de Cuba quiere ayudar y lo está haciendo de mil formas. Pero no alcanza lo que hay. Es mucho el daño. Priorizan necesidades, pero cómo establecer una lista si 40 mil se quedaron sin hogar?. No es fácil, pero los cubanos tienen organización y al menos esperanza en que nadie quedará abandonado a su suerte, aunque comprenden que no toda la ayuda podrá llegar de golpe  para todos.

En otras islas caribeñas la situación es mucho más caótica. Ya lo dije. Y hasta la esperanza se ha perdido. Porque no pueden . Quizás porque algunos no quieren.

Los gobernantes norteamericanos tampoco quieren en el caso de Cuba.

Como la gatica de María Ramos tiran la piedra y esconden la mano.

El gobierno de Bush ofreció 100 mil dólares a Cuba en gesto humanitario.

Otros con mucho menos han dado mucho más. También amor.

Los cubanos que viven en Estados Unidos desean socorrer a sus familiares en Cuba .

El gobierno de Bush ha dicho que a cuenta gota, según límites que les ha impuesto para administrarles su dinero y la voluntad de los padres, hijos, hermanos, sobrinos, nietos, primos, y amigos.

El gobierno de Bush quiere ir a la Isla a inspeccionar .

Ningún gobierno que ha ofrecido o entregado ayuda ha exigido nada parecido.

No hacen falta inspectores en Cuba.

Se necesita materiales de construcción, comidas, ropas, dinero, amor, voluntad, solidaridad fraterna.

Cuba no necesita mirones.

Cuba necesita amor y frijoles.

El gobierno de Estados Unidos puede ayudar más.

Los gobernantes no quieren.

Poder no es querer.

Los gobernantes de Estados Unidos quieren anexarse a Cuba, aplastar a las familias cubanas.

Querer no es poder.

No pueden.

No podrán.

Ni con Bush ni con nadie más.

Cuando haya alguien que quiera y pueda, entonces todo volverá a ser normal, el agua volverá al cauce, y quizás entonces la naturaleza no pueda más que el hombre del siglo 21.

Cuba, gran récord frente a un señor huracán

Cuba, gran récord frente a un señor huracán

Por Roberto Pérez Betancourt

 

El paso del huracán Gustav por el occidente del archipiélago cubano, con su carga de vientos y lluvias categoría cuatro, es  historia. Sus ecos nos  traen las proezas humanas de la reconstrucción de daños inmensos, invaluables aún en toda su magnitud, causados por un meteoro que abarcó cuatro provincias y el munici9pio especial Isla de la Juventud.   

  Matanzas, la provincia menos  damnificada de las azotas por el meteoro , al igual que otros territorios, ha dispuesto el auxilio urgente  de brigadas de sus trabajadores de la industria eléctrica para contribuir al restablecimiento de ese servicio en Pinar del Río, la más golpeada junto con la Isla de la Juventud, donde localidades enteras vieron derrumbarse las viviendas de sus moradores.  

   Numerosos records  ha dejado Gustav, cuyas rachas de vientos llegaron a marcar 340 kilómetros por hora antes de romper el equipo que media esa intensidad, mientras olas de cinco metros llevaban la penetración marina  hasta seis kilómetros en zonas bajas.

   Pinar del Río no era azotada por un meteoro de esa magnitud desde el año 1946.

  Cuatro horas tardó el destructor Gustav en cruzar la franja de tierra pinareña, periodo breve en el tiempo, pero largo en la espera humana bajo vientos aullantes y lluvias presagiadoras de inundaciones y pérdidas agrícolas.

   Derrumbes y otros desastres causaron los  60 kilómetros cuadrados del gigante  remolino de nubes y vientos malignos, empeñado en echar a volar techos y devorar millones de jornadas de trabajo creador de  pinareños e isleños.

   Pero ninguno de los records atmosféricos se puede comparar con el impuesto por los cubanos todos: Al redactar estas líneas ni una sola persona  había perecido como consecuencia del huracán, que lamentablemente ocasionó varias decenas de victimas mortales a su paso por otras zonas del Caribe.

   Esta realidad contrastante no es noticia para  agencias de prensa foráneas.

    Los cubanos las han acostumbrado a lo mismo. Y no hurgan sus corresponsales en los por qué de ese milagro. Si lo hicieran,  hallarían las respuestas en la estructura sociopolítica  del mayor archipiélago de  las Antillas, capaz de desplegar una organización ejemplar como escudo de disciplina frente a la ira periódica de la naturaleza en el trópico.

  ¿Cómo es posible que esas decenas de miles  damnificados  de todas las edades y sexos se muestren serenos y confiados?

  La respuesta es el gran récord que supera todas las estadísticas de los ciclones,  la proeza humana de   salvaguardar  las vidas de los ciudadanos, la garantía sentida de que hoy nadie quedará abandonado a su suerte, la clara comprensión de que Cuba toda se levanta para auxiliar a los hermanos, más allá del silencio de otros.