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DEBATE ABIERTO, la página de Roberto Pérez Betancourt

PERIODISMO Y COMUNICACION SOCIAL

En el Aniversario de la Prensa Cubana: Realidades para tener en cuenta

En el Aniversario de la Prensa Cubana: Realidades para tener en cuenta

Roberto Pérez Betancourt

  El  14 de marzo, fecha de fundación del periódico Patria por  el Héroe Nacional José Martí,  cada año conmemoramos  el Día de la Prensa Cubana, propicia ocasión para echar un vistazo profundo a algunas  realidades de este sector, que exige, sobre todo, aptitudes y amor incondicional a la vocación.

  Tradicionalmente, en torna a esta fecha, los colegas   nos  reunimos para departir,  recibir condecoraciones y diplomas, rendir homenaje a compañeros de larga trayectoria, relatar anécdotas, repasar lo hecho y  atisbar el devenir.

 También este año recordaremos  que todavía afrontamos dificultades diversas en el ejercicio de la profesión periodística, que incluyen  tarifas  y salarios muy deprimidos,  que no motivan a permanecer en la profesión, especialmente a los más jóvenes;  escaseces de medios y servicios computadorizados, insuficiencias  de la  conectividad digital y otras variopintas limitaciones objetivas que entorpecen la labor cotidiana y  frustran  expectativas.

  Esta realidad  insoslayable  no deja de tener en cuenta las limitaciones  que afronta la economía del país, en momentos en los que las agresiones imperiales  arrecian  el Bloqueo económico, comercial y financiero e instrumentan nuevas medidas para  cercar voluntades y desestabilizar la unidad, que ha sido y sigue siendo la principal arma estratégica de los cubanos para vencer las adversidades.

   No obstante, un ejercicio acrítico de la realidad no contribuiría a despejar incógnitas. Es menester que el inventario de asuntos por resolver siga frente a la vista con el propósito de recordarnos cuánto nos falta para alcanzar los niveles de profesionalidad que exige el pueblo.

   En ese entorno continuamos añorando la diaria edición de  un periódico impreso  en la provincia,  lamentamos  la pérdida de hábitos y  conductas profesionales consustanciales con una prensa al servicio de la información veraz, pertinente y oportuna, propia de nuestros perfiles editoriales que no se subordinan a intereses oscuros y a mezquinas prebendas.

  Sigue siendo asignatura pendiente en numerosos casos la  agilidad en reportar la actualidad  informativa, hacer que lo local trascienda a planos de superior interés para los destinatarios de los mensajes,  la pertinencia de los contenidos, además la necesidad de disponer de suficiente personal calificado  para actualizar  los sitios digitales de prensa con la frecuencia y prontitud que exige el medio, entre otras deficiencias.

   Nuestra  prensa, en sus diferentes expresiones: escrita, radial, televisada y digital, debe cumplir cada día las exigencias del público, necesitado  de saber lo que acontece en su entorno, en su país y en el mundo, sin retórica ni parches, sin eufemismos, con claridad,  amenidad y a través de diversos códigos que ilustren, amplíen y satisfagan.

   En opinión de este comentarista, estamos lejos todavía de satisfacer esa demanda diaria del público  en nuestros medios. Pero el deber nos insta a seguir luchando en pos de acercarnos a lo necesario, incentivar la creatividad,  no desfallecer ante las viejas y las nuevas dificultades,  y en especial alentar a los jóvenes colegas a romper la rutina, y los silencios, ser audaces y no idealizar inalcanzables para no caer en frustraciones. 

  En este contexto, también es importante seguir rompiendo  barreras  burocráticas,   defender la credibilidad de nuestros medios,  dialogar y debatir desde la técnica profesional, exigiendo el derecho de informar para seguir sirviendo a la Revolución. De todo esto, y más seguimos conversando   los periodistas en ocasión del Día de la Prensa Cubana, en Matanzas y en todo el país.

 

 

 

 

Viaje al seno de las palabras

Viaje al seno de las palabras

Roberto Pérez Betancourt

Mi nieto más pequeño ha hecho un barquito de papel de periódico y me propone subirnos a él y navegar por el ancho mar, como dice una canción que le gusta, y sin pensarlo dos veces agrega: “Ya estamos viajando, abuelo”,  y  mueve la frágil embarcación entre las patas de sillas y mesas sin dejar de imaginar lugares y mencionar  palabras y palabras, incluidas algunas cuyo significado obviamente no comprende y otras del tipo “palabrotas”, que ha escuchado en la escuela, en la calle y vaya usted a saber en dónde más, incluida la propia casa…

  Y así, mientras navegamos en nuestra barca de letras me viene a la mente el   uso de las  llamadas malas palabras,  asunto que desde tiempos pretéritos ocupa la atención y las opiniones de maestros, periodistas y literatos, con variopintos puntos de vistas, expresados  por conservadores  o  innovadores de la lengua.

  Recuerdo a Miguel de Cervantes, autor español elogiado en todos los tiempos. En situaciones precisas él incluye  vocablos que,  en otros contextos, serían calificados  de obscenos o por lo menos de mal gusto.

  Sin dudas  la vida cotidiana  es la más fantástica de las aventuras imaginables, me digo a mi mismo,  mientras escucho al nieto gritar: “¡Al abordaje!”, y enseguida alertarme: “¡Cuidado, abuelo, que puedes caerte!”.

  La verdad es que cualquiera tropieza y cae, también en el hablar cotidiano, pero la conversación entre pensantes: el diálogo simple, el saludo,  incluso  la discusión de temas candentes, y la despedida,  no necesitan vestirse  con interjecciones mal sonantes,  mucho menos  si quien intenta comunicarse es un dirigente, un maestro o un estudiante.

 No me refiero  a  “aceres”,  “cúmbilas”,  “consortes”, “pasmaos” y otras palabras y giros lingüísticos  que han pasado a formar parte del habla entre ciertos grupos etarios, como ayer fueron, por ejemplo, “yénica” y “monina”. 

 Incluso en otros países, hasta suelen identificar al cubano por el empleo  de tales semantemas coloquiales, los cuales, aunque  a algunas personas les suenen mal,  necesariamente no connotan alguna grosería u obscenidad, y se interpretan como parte del lenguaje sicológico, donde una sola palabra bien puesta equivale a  una oración  capaz por sí misma de transmitir emociones y sentimientos fuertes.

  Abundan  también los practicantes de lo que podríamos llamar  “grosera  jerga callejera”, que pretende  denotar, machismo, rudeza, desenfado y reto. Incluye  a hembras y varones incapaces de hilvanar una oración sin citar recurrentemente al órgano sexual masculino, aunque lo hagan con cierta ingenuidad, porque se acostumbraron a apuntalar así su imagen  pública “de gente dura”.

  Está científicamente probado: lenguaje y pensamiento van unívocamente  unidos, son formadores del carácter,  es decir, de  acciones  reiterativas de los seres humanos, de los que ya crecimos y sobre todo de los que están creciendo, a quienes tenemos el deber de aconsejar y enseñar, en el aula y en el hogar, con paciencia e inclusión, y también con argumentada firmeza.

  Recuerdo que sobre todo esto a veces conversamos con los alumnos en clase, donde rememoramos algunos modernos diálogos de películas y seriales españoles, en los cuales ciertas palabras para nosotros  éticamente prohibidas en los medios de difusión, como las descriptivas del trasero humano y los pechos femeninos, para ellos son normales y hasta graciosas, y las dicen y repiten sin miramientos.

  Pero la verdad, no tengo explicación para este “¡Coño!”, con rabia, que ahora mismo grita mi nieto, porque el barquito de papel acaba de naufragar en un  charco de agua derramada desde la mesa del comedor.

--¡Niño!, ¿qué cosa es esa?

 Y él, sin encomendarse a Cervantes,  responde.

--Nada, abuelo: nos ahogamos…

 

La Saturación y el remolino del tiempo

La Saturación y el remolino del tiempo

 Roberto Pérez Betancourt

Saturar implica exceso de algo, llenar. La saturación conduce al agobio, a la fatiga. En términos comunicacionales la reiteración lineal de conceptos, consignas,  efemérides y consejos no solicitados conlleva a  saturar al destinatario del mensaje, y éste,  a la inversa de lo deseado por el  difusor,  no está obligado a escuchar, a ver o a leer. Entonces apaga, cierra los ojos o mira hacia otra parte.

  Algunas personas amantes de la saturación opinan que repetir y repetir es bueno para educar a la juventud, a la que consideran, en términos generales, inmadura o falta de preparación.

Es un error mayúsculo en mi modesta opinión.

Los que nos consideramos adultos, alguna vez fuimos jóvenes, y  aun de mayores en alguna que otra ocasión hemos actuado como inmaduros y hasta tiernos adolescentes, perretas e incomprensiones incluidas.

La juventud sostiene  sus propias expectativas en cualquier época, las que incluyen por lo general el afán de progresar,  disfrutar de los avances tecnológicos y construir una vida propia agradable y satisfactoria. ¿Es esto criticable?   En opinión de este comentarista, quien así lo crea y lo proclame como verdad absoluta está más ciego que un invidente total y causa en otros el rechazo al diálogo, al debate y a  la comprensión.

En conversación  con periodistas, el doctor Eusebio Leal, historiador de la ciudad de La Habana, ha afirmado la necesidad de  sincronizar el discurso con las nuevas generaciones.  También ha recordado que los  jóvenes no vivieron otras etapas históricas, por lo cual parten de los referentes de sus circunstancias, lo que implica entonces atraerlos con las ideas.

En otro momento,  el muy respetado doctor Leal  afirmó que  el subdesarrollo genera la falta de memoria histórica, por lo que esta debe ser cultivada sin saturaciones.  De lo que se trata, indicó el reconocido intelectual al valorar  el papel de la escuela cubana y del insustituible rol de la familia, es de “crear más discípulos que alumnos”, para que los más nuevos puedan valorar y seguir la obra a partir de las convicciones, evitando  las solemnidades extremas y apostando por humanizar, bajar a los héroes de los pedestales, acercarlos con humildad y mostrarlos como las personas que fueron, sin simplificaciones, de lo cual son ejemplo  los hermanos Saíz Montes de Oca, jóvenes pinareños que desde un pueblito apartado y pequeño supieron dejar un legado tan imperecedero, sobre todo por la educación y la influencia familiar que recibieron.

 La familia, sin dudas, la que más puede contribuir a que hijos y nietos no se pierdan en el remolino del tiempo y sigan abrazando los ideales de justicia social de sus padres y abuelos, sin incomunicadoras saturaciones.

 

 

UPEC, Congreso a la vista: Criticar y otras catarsis

UPEC, Congreso a la vista: Criticar y otras catarsis

 

Roberto Pérez Betancourt

  A propósito de la próxima celebración del X Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba los días 13 y 14 de junio.

  La catarsis, para los antiguos griegos, significaba un ritual de purificación de personas o cosas  afectadas de alguna impureza.

 En popular acepción, la catarsis asume la forma  discursiva,  torrente de palabras  para opinar, criticar, vaciar la copa rebosada, liberar el espíritu de fantasmas reprimidos, en fin, descargar.

Puede suceder en asamblea obrera o reunión de circunscripción, congresos u otros foros donde  se ejerce el derecho a opinar y criticar.

Cuando antes se reflexiona sobre lo que va decirse, el discurso debe ser coherente y hallar receptores proclives a escuchar.

 Pero cuando la verbosidad rebosa el vaso de la paciencia, la catarsis del hablante provoca rechazo del que  escucha.

  También sucede cara a cara o a través de los medios de difusión masiva, sobre todo cuando el  que critica no brinda pruebas contundentes, ni cita referencias acreditadas sobre el tema que trata.

 Cuando se intenta  criticar y caracterizar actitudes de otros (en singular o en plural),  la  experiencia aconseja  partir siempre de una intención de buena voluntad, y  tener en cuenta todos los factores concurrentes para  no dejarse arrastrar por una impresión prejuiciada.

 Por ejemplo, criticar y caracterizar  el periodismo que se ejerce hoy en día, o el que se ha ejercido durante la Revolución triunfante, desde un emisor masivo de opinión, presupone en el crítico un  profundo conocimiento pretérito del asunto, y  profundidad de análisis desde estudios realizados, que rebasen el pregrado y se sedimenten en experiencias acumuladas (capacidades) en el ejercicio de esta profesión.  

    Otra cosa sería emitir un juicio peyorativo, sin base de fundamento, o una simple observación personal al estilo de “me parece”, “creo”, o  “me da la impresión”, que son las citas coloquiales, controversiales o no,  que más abundan.

   Sí, criticar y caracterizar son verbos espinosos.  Aluden a actitudes individuales.   Críticas que bien encausadas y fundamentadas pueden resultar altamente constructivas, pero mal ejercidas ocasionan disgustos, crean barreras artificiales y hasta inducen  acciones lamentables.

   No es lo mismo opinar sobre técnicas y decisiones beisboleras (pasatiempo nacional), o el estado del tiempo,  que sobre  conductas y profesiones  de otras personas.

   Lo primero es un entretenimiento. Lo segundo un tema universal, que sirve incluso para entablar  nuevas amistades. Lo tercero entraña una responsabilidad humana trascendente.

Un golpe mal calculado, más que enderezar puede ser injusto y provocar irreparables deformaciones. Un consejo de contemporáneo: Cerciórese de ver bien y no estar equivocado ante de hacer catarsis esgrimiendo el martillo, ya sea en periodismo o en cualquier otro asunto de responsabilidad social, y sobre todo humana. 

 

Pitín nos dejó su sonrisa eterna y su afán de buena persona

Pitín nos dejó su sonrisa eterna y su afán de buena persona

 

Roberto Pérez Betancourt

 

El destacado caricaturista  Gustavo Prado Álvarez (Pitín), falleció el 22 de abril en la ciudad de Matanzas, próximo a cumplir  87 años de edad,  dejándonos  el recuerdo agradecido de su sonrisa eterna, su afán de buena persona y muchas otras cualidades que lo adornaron a lo largo de su larga trayectoria como profesional  de siete décadas, y en especial como  amigo sincero.

  Merecedor de numerosos lauros internacionales y nacionales, incluido el Premio José Martí, y la condición de corresponsal de guerra,  Pitín se radicó en Matanzas desde el año 1990, donde coronó el incansable quehacer, que lo mantuvo activo hasta sus últimas horas, al recibir en 2017 el Premio provincial de Periodismo Bonifacio Byrne A la obra de la vida.

  Conocí a Pitín cuando ya él era un sobresaliente profesional de la sonrisa en el periódico HOY donde trabajábamos entonces. Era  1959, el año del triunfo de la Revolución, cuando el querido diario de los comunistas cubanos volvió a ver la luz gracias al esfuerzo desinteresado de un grupo de compañeros para hacer de la consigna unitaria una realidad palpable en las páginas de aquel periódico, que más tarde se integraría con el diario Revolución para dar paso a Granma.

   Fundador del diario humorístico Palante,  Pitín, junto con el inolvidable Adigio Benítez y otros compañeros  participaba en la ilustración de las páginas de HOY.  Desde mucho  antes ya Gustavo Prado Álvarez  era conocido en el mundo del periodismo gráfico y humorístico  por su capacidad para sacar filo contrafilo y punta a situaciones cotidianas. Él era en verdad un maestro del humor  político y costumbrista, sin estridencias, sino con un sentido terrenal y sencillo  de sus dibujos formidables para comunicar con destinatarios de todas las edades y niveles de instrucción

  Sus labores más recientes las pudimos apreciar en las páginas del semanario Girón, donde fue un constante colaborador, especialmente en la sección  de cartas de los lectores, donde ilustraba situaciones diversas de la vorágine diaria.

 Había nacido Pitín en Ranchuelo, Villa Clara, el primero de mayo de 1931. En este postrer adiós, lleguen nuestras condolencias a familiares y amigos, y la certeza de que  la obra de Pitín perdurará por siempre en la memoria eterna del periodismo cubano y de él aprenderán futuros maestros del arte de la sonrisa y la reflexión inteligente. (TVY)(27/04/18)

 

La entrevista

 

Por considerarlo de interés reproducimos a continuación una de las últimas entrevistas que concedió Pitín, realizada por la colega Jessica Mesa Duarte

 

Lecciones de vida: un poco en broma y mucho en serio

 

Gustavo Santiago Prado Álvarez “Pitín” tiene 86 años, pero no pierde la vitalidad y la frescura del joven que creaba anuncios publicitarios antes del primero de enero de 1959.

“En esa etapa hacía anuncios de cigarros, de cerveza, de zapatos. También hacía caricaturas para la televisión. Con el triunfo de la Revolución se acabó la publicidad en Cuba y empecé a trabajar en el periódico Hoy. Allí seguí haciendo caricaturas a diario, retocaba fotografías, dibujaba mapas, hacía de todo.”

Nacido en Villa Clara, encontró en Matanzas la motivación para seguir adelante, trabajando, haciendo de la caricatura su mejor espejo, con el espíritu de quien bien le hace honores a la extraña y autóctona cualidad de los cubanos de burlarse hasta de sus propios problemas.

“La caricatura debe estar al día con todo lo que ocurra. Es la vida misma la que te brinda nuevas ideas. Dos excelentes consejos son leer mucho, para tener dominio de los temas que ocupan la agenda mediática y dibujar todos los días, eso ayuda a desarrollar las ideas.

“La función del caricaturista es estar al tanto de los procesos de la vida y brindar su propio análisis desde la percepción que tiene de cada hecho, con responsabilidad y ofrecer caricaturas que se ajusten a las circunstancias, al contexto.”

“Pitín” acaba de merecer el Premio provincial Bonifacio Byrne por la obra de la vida. Más de 50 años en el  ejercicio de su profesión, con premios y reconocimientos nacionales e internacionales, avalan este reconocimiento, entregado por la Unión de Periodistas de Cuba en Matanzas.

“Fui fundador del periódico Granma y su suplemento de humor gráfico Palante. Colaboraba en programas de televisión y con la revista Bohemia. Estuve en Canadá, Japón, China, Alemania y Angola.

También he hecho varios libros para niños, para el Instituto de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) y para la UPEC. ¡Uf! Con este ya suman 83 premios: dos medallas de la Unión de Periodistas, premios de la Organización Internacional de Periodistas, también me reconocieron en Japón y en Viet Nam merecí la medalla Ho Chi Minh. Nacionales te puedo mencionar galardones de Salud, la ANAP, Cultura, Tránsito.”

Desde la picardía de la experiencia, le encuentra el doble sentido hasta a los silencios y nos hace disfrutar de una obra de arte.

“Hay gente que cree que la caricatura es un arte menor, pero yo creo que no. Es tan importante como puede serlo la música, la danza, el teatro, la literatura. Y tampoco es un arte fácil, sino que es el resultado de mucha dedicación, de años de trabajo.

“Yo me mantengo trabajando. Todos los meses hago 6 ó 7 caricaturas para Humedal, la publicación que se dedica a la Ciénaga de Zapata, para el semanario Girón, mando también para Palante y Bohemia. Eso sí, trabajo para hacer lo mejor que pueda.”

Ser un constante observador también contribuye a que Gustavo mantenga la frescura de sus creaciones. Analiza cada suceso a su alrededor, desde lo más usual hasta los acontecimientos más insólitos.

Esos cotidianos fragmentos de la vida cotidiana son los que alimentan su inspiración y resultan en los sugerentes dibujos en los que se define un poco en broma y mucho en serio.

“Yo me fijo mucho en todo y de todo voy creando ideas. Me baso en la gente a mi alrededor, sus gestos, sus características físicas y a partir de ahí creo nuevos personajes.”

Cuando le pregunto cuánto hay de Cuba en su obra no duda: “Todo. Las situaciones cambian, las tecnologías, las maneras de comunicar, la manera de vivir y apreciar la vida. Pero lo que no se modifica es el amor por la tierra. Cuba es la protagonista de casi todo cuanto hago.”

Me siento frente a él, enciendo la grabadora, escribo las preguntas en una hoja y se la extiendo. “Pitín” ha perdido mucho de audición, pero su perspicacia parece ser inversamente proporcional a los bajos niveles de sonidos que llegan a sus oídos. Converso con él, pausadamente, en su casa desde donde la inmensa bahía matancera se escucha serena.

En todo momento el caricaturista me da una clase de humildad… “y Manuel, mira, es de Matanzas también y es un maestro. Yo no me considero maestro. Yo aprendo de todo. Todavía estoy aprendiendo a hacer la mejor caricatura. Todavía no la he hecho”. Después me despide con una carcajada. Eso es lo que lo hace auténtico.

Tras los espejuelos que le ayudan a descifrar el mundo asoman unos ojos de abuelo que ha vivido mucho y quien no alcanza a reconocer cuánto ha aportado al desarrollo del humor gráfico, de la cultura cubana. Vuelve a sonreír, como casi siempre y me agradece.

Esta vez me parece que la figura dibujada en un papel sobre la mesa me guiña un ojo. Me despido y me siento feliz de poder conocer a este sencillo hombre que toma el sol en las tardes mientras su mirada se pierde en las aguas azules de la bahía matancera.

 

 

 

México: El drama inacabable de los asesinatos de periodistas

México: El drama inacabable de los asesinatos de periodistas

Roberto Pérez Betancourt

No podemos permanecer indiferentes ante lo que sigue ocurriendo en México con los periodistas: Desde el año 2000 a la fecha, suman 126 comunicadores asesinados en  ese país, y más de 20 continúan en condición de desaparecidos, según datos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

“Los periodistas mueren a balazos en México y los responsables, en la mayor parte de los casos, nunca comparecen ante la justicia”. Afirman los colegas mexicanos.

  La reacción más reciente de los comunicadores mexicanos ha sido salir a las calles a protestar en la capital de su país, en el monumento al Ángel de la Independencia, en el emblemático Paseo de la Reforma, donde clamaron por el cese de la impunidad.

 El más reciente asesinato ocurrió el lunes anterior cuando Javier Valdez fue ultimado a balazos.

  El 23 de marzo, murió también acribillada frente a su casa Miroslava Breach, corresponsal en Chihuahua, mientras esperaba a su hijo para llevarlo a la escuela. También Miroslava era otro gran valor del periodismo mexicano y, al igual que Javier, comprometida con las luchas sociales, denuncia Ángel Guerra Cabrera en el diario La Jornada.

En una administración que acumula ya 36 asesinatos de reporteros, Javier fue el séptimo de este año, pero al día siguiente una colega fue herida de gravedad y unos días antes, en Guerrero, otros siete salvaron sus vidas no se sabe cómo de un grupo armado, aunque perdieron todos sus equipos de trabajo e información. Entre ellos había dos de nuestro diario, el corresponsal en ese estado, Sergio Ocampo, y el fotógrafo Jair Cabrera, precisa Guerra Cabrera.

  Ahora acabamos de saber que el periodista Salvador Adame, también concesionario del canal 4tv del municipio Francisco José Múgica, en el estado de Michoacán, fue secuestrado por desconocidos que se lo llevaron a la fuerza y se desconoce su paradero, revela un cable de Prensa Latina, que cita la denuncia a nombre del  Gremio Periodístico Organizado de México, agrupación a la cual están afiliados la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, Federación Latinoamericana de Periodistas, Felap-México, Club Primera Plana, y el Colegio Nacional de Licenciados en Periodismo.

Con la consigna, «#Nos están matando» los comunicadores de ese país se pronunciaron en rechazo al asesinato de Valdez en la ciudad de Culiacán, estado de Sinaloa.

Valdez trabajaba en el diario Ríodoce, en Culiacán, y se destacaba por sus investigaciones, incluso libros, sobre el azote de los grupos criminales asociados al tráfico de drogas.

Era también corresponsal del diario nacional La Jornada, cuya corresponsal en Chihuahua también fue asesinada en abril frente a su hijo por sicarios del crimen organizado, refirió Prensa Latina.

Por su parte, desde Sinaloa también se reportaron diversas marchas por parte de reporteros y agrupaciones de la sociedad civil.

En diversas pancartas, se advirtió que México es el tercer país más peligroso para ejercer el Periodismo, en lo que ha influenciado los asesinatos de seis periodistas en lo que va del año y la falta de esclarecimiento de los homicidios.

Por ello se grita «¡No al silencio!», informó La Jornada.

El portal digital de noticias Noroeste no publicó ninguna información, sin embargo difundió: «Matar a un periodista es confirmar que no hay libertad de expresión, que se cancela el derecho de cada mexicano a saber lo que pasa en nuestro país».

En la ciudad de Culiacán, con consignas de «¡Exigimos justicia, ni un periodista más!», reporteros y ciudadanos llegaron a la explanada de la Catedral para protestar contra el asesinato de Javier Valdez.

A principios de mayo Filiberto Álvarez, locutor de la estación de radio La Señal de Jojutla, en la zona sur del estado de Morelos, fue asesinado con al menos cinco balazos.

Luego murieron violentamente Max Rodríguez, periodista del Colectivo Pericú, de Baja California Sur, el 14 de abril; y Miroslava Breach, corresponsal de La Jornada y colaboradora de Norte y El Diario de Chihuahua, de Chihuahua.
Ricardo Monlui Cabrera, director del diario El Político de Xalapa, El Político de Córdoba y el portal www.elpolitico.com.mx, de Veracruz, fue ultimado el 19 de marzo y Cecilio Pineda, colaborador de los diarios La Voz de Tierra Caliente y El Universal, entre otros medios de Ciudad de Altamirano, Guerrero, corrió igual suerte el 2 de marzo.

El presidente Enrique Peña Nieto calificó de indignante el crimen contra Javier Valdéz y dispuso que la Procuraduría General asuma la investigación del caso.

En un mensaje en su cuenta de la red social Twitter afirmó: «Reitero nuestro compromiso con la libertad de expresión y prensa, fundamentales para nuestra democracia».

Sin embargo, los comentarios de los lectores y navegantes en Internet insisten en la impunidad de que gozan los asesinos y secuestradores, amparados por intereses oscuros que no salen a la luz pública porque estarían involucrando a personeros que se benefician con prebendas provenientes de quienes pagan a los sicarios para tapar la boca y maniatar las manos de los comunicadores, algo inaudito en el siglo de la comunicación de masas.

   Si las acciones criminales son atribuidas a narcotraficantes, ¿quiénes amparan a esos dueños del poder en la oscuridad? ¿Dónde están y quienes fueron los causantes de la desaparición de los cuarenta y tres  estudiantes en Ayotzinapa? ¿Quiénes son y dónde están los que abren tumbas clandestinas y echan en ellas a  cientos de cadáveres de personas sin nombres?

  México, uno de los países más populares del turismo internacional se ha convertido en un campo de exterminio para quienes alzan voces y denuncian, y para otros que se oponen a seguir soportando la barbarie de gobiernos regenteados por personajes salidas de las páginas de horro y de misterio.

 El tequila, los corridos mejicanos, las margaritas y las rancheras han cedido el esplendor del Méjico lindo y querido para transformar la imagen pública de ese país en un escenario de exterminio, muy peligroso para los que se atrevan a visitarlo, por lo que es de esperar que los intereses económicos del turismo rentado se pongan las pilas y alinean acciones concretas para evitar que los muertos inocentes sigan alimentando el gran drama de los asesinatos y desapariciones  de periodistas y de otros ciudadanos del hermano país (TVY)(con informaciones de Prensa Latina y otras agencias)( 22/05/17)

Periodismo digital, en primera persona

Periodismo digital, en primera persona

En la foto: Colocación de ofrenda floral ante el busto de José Martí por los participantes en el encuentro regional de periodismo digital

Roberto Pérez Betancourt

Del 21 al 23 de abril de 2017 se efectuó en Matanzas un evento regional de periodismo digital, convocado  por la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) y  el Partido Comunista de Cuba, al que asistieron algunos periodistas, informáticos  y funcionarios que se desempeñan en  los medios de difusión (prensa plana, radio, televisión)  editados en las  provincias occidentales de Cuba, los que  cuentan además con ediciones  en Internet, así como comunicadores  que editan sus blogs personales en el ciberespacio y actúan allí en las redes sociales.

Los organizadores tuvieron la gentileza de dedicar ese evento a mi persona. Yirmara Torres Hernández, la presidenta de la filial matancera de la UPEC, tuvo la gentileza de explicar las razones de esa decisión en la apertura de una velada periodístico-cultural efectuada en la reconstruida Sala White, hoy escenario de conciertos en la ciudad de Matanzas.

Como quiera que las palabras que allí pronuncié, a solicitud de la propia UPEC, fueron editadas en  varios medios de la web, incluido un vídeo, me he permitido publicar aquí el texto de lo que dije y que a continuación reproduzco:

Ante todo, agradezco el reconocimiento que se me brinda, aunque en realidad lo considero inmerecido, pues en mis 77 años de vida, más de 60  de ellos en  trabajos varios, incluidos   51 en el ejercicio profesional del periodismo, solo considero haber intentado cumplir  el deber elemental de esforzarme en  mis obligaciones laborales, y opino que por realizar  el trabajo cotidiano no se precisan elogios.

Comparto con Alfredo Guevara su afirmación de que el principal deber de un periodista es el de hacer periodismo. Si es un periodista comprometido con las ideas que defiende, su deber, obviamente, es hacer periodismo consecuente con esa actitud, para lo cual la mejor inspiración y guía práctica   la tenemos en la propia definición que nuestro Fidel Castro ha hecho del concepto de Revolución, en los acuerdos de nuestro congreso y en las directivas del Partido.

No intentaré teorizar mucho  sobre el ser periodista y el hacer del periodista. Personalmente tengo presente a nuestro inefable José Martí, quien durante 15 años ejerció la profesión en Estados Unidos y recomendó que el periodista debe conocer desde la nube hasta el microbio. Entre los ejemplos que nos legó Martí resalta el de la honestidad de comprometimiento, pues en el ejercicio del periodismo para varias publicaciones de Latinoamérica, antepuso siempre la convicción en sus ideas revolucionarias y  la ética que esto conllevaba en sus  relaciones interpersonales y con empresarios, lo que varias veces lo llevó a renunciar a una retribución monetaria si el editor no respetaba sus puntos de vista, o le exigía defender líneas de conducta con las que  no concordaba, o le imponía  escribir sobre temas triviales.

Hoy no son pocas las necesidades económicas de los periodistas cubanos en activo y de los jubilados, aun sujetos a escalas salariales y pensiones  inadecuadas para las exigencias del costo de la vida. Pero creo que esta realidad no justifica a los que  deciden vender sus cuartillas a quienes, más que técnica, exclusividad y  actualidad, pagan disidencia  y  mentiras declaradas en publicaciones de reconocido perfil editorial anticubano.

¿Cómo hacer desde la prensa revolucionaria un mejor periodismo?, me preguntan, y para intentar una respuesta cercana  a la realidad contaré una breve experiencia personal, esperando me perdonen este pecado de la primera persona. Cuando a los 60 años de edad, padeciendo de  serias dolencias físicas, como si estuviera en mis 30, me exigieron en la Agencia de Información que siguiera rindiendo el periodismo reporteril todoterreno que allí se hace en provincias, ante la única alternativa de jubilarme, basándome en la experiencia acumulada, solicité que me concedieran una plaza como comentarista, analista o cronista. La respuesta que me dieron me enfrió el alma: En provincias No existen plazas para esas especializaciones. La realidad me obligó a jubilarme… afortunadamente, porque  entonces descubrí que incluso para los de mi generación no se acababan las opciones.  Invertí mis ahorros en comprar una computadora en el mercado nacional. Decidí adentrarme, aunque fuera elementalmente, en las nuevas tecnologías informáticas. Ya jubilado, propuse mis servicios como analista, comentarista y cronista a otros medios de difusión, incluidas sus ediciones digitales. ¡Maravilla de la fortuna! Entre las favorables respuestas que recibí estaba  la de la propia Agencia que me había negado una plaza especializada en provincia. Me contrató para que desde mi casa, a través del periodismo digital, con auxilio  de la televisión, la radio, el teléfono, el correo electrónico e Internet, atendiera diversos asuntos de economía global y de interés nacional e internacional. La moraleja para mí fue clara: No hay que rendirse ante  incomprensiones burocráticas ni avances tecnológicos. Estudiar, aprender de los mayores y también de los jóvenes, y poner siempre  apasionado  empeño en hacer trascender lo local, es la fórmula para seguir vivo y activo en esta profesión desde cualquier apartado rincón del país donde se actúe, en fin de cuentas, hoy, desde  una computadora y acceso a Internet, quien se lo proponga puede ser  eficaz comunicador,  lúcido exponente de la realidad cubana y de los sueños que nos siguen animando más allá del tiempo y los obstáculos de cualquier tamaño. 

Compañeros: Antes recordé que el primer deber de un periodista es hacer periodismo. Me gustaría añadir también que el primer deber de un editor es editar. Y que el primer deber de un director de prensa, jefe de información, o funcionario encargado de una publicación, es hacer que sus periodistas y editores hagan periodismo y editen. El periodismo de la mañana desde siempre se hizo  de madrugada. Los matutinos que se publican en Internet con la excusa de que “al cierre de esta edición se efectuaba...”, se faltan el respeto a ellos mismos y a sus habituales lectores y destinatarios en general. Los que ejercemos el periodismo desde provincias tenemos la difícil misión de hacer que lo local trascienda a planos nacionales e internacionales. Internet nos brinda esa oportunidad. No existen barreras, y si aparecen hay que luchar hasta eliminarlas. El blog personal puede ser una herramienta esencial en este compromiso, también las redes sociales. Es cierto que demandan mucho tiempo y creatividad para no emborronar espacios con boberías. Esa es nuestra tarea.

Finalmente, reitero mi agradecimiento por el reconocimiento inmerecido. No lo dudo, algún día dispondré del rúter  que me prometieron hace años,  que  me permitiría  acelerar la comunicación en el ciberespacio. Pero  conservaré mi viejo modem en una caja de cristal para que me acompañe al crematorio el día que me toque. Todavía no he solicitado turno... Muchas gracias.

 

 

 

Premisa ética: La Buena voluntad al criticar

Premisa ética: La Buena voluntad al criticar

 Roberto Pérez Betancourt

Cuando se trata de  criticar y caracterizar actitudes de otros,  la  experiencia aconseja  partir siempre de una intención de buena voluntad, tener en cuenta todos los factores concurrentes para  no dejarse arrastrar por una impresión prejuiciada, y preservar una premisa ética indispensable en las relaciones interpersonales.

 Criticar y caracterizar son verbos espinosos.  Aluden a actitudes individuales que, bien encausadas, pueden resultar altamente constructivas, pero mal ejercidas ocasionan disgustos, crean barreras artificiales y hasta inducen  acciones lamentables.

 No es lo mismo opinar de pelota que sobre la conducta de otras personas. Lo primero es un pasatiempo nacional. Lo segundo entraña una responsabilidad humana trascendente.

   Sin  ser juez ni experto en la materia, se puede entender  que el correcto ejercicio del criterio propio, expresado con el debido respeto, puede  alertar y ayudar a otros.

    ¿Quién no ha rectificado una mala conducta al recibir una crítica constructiva con  sabor a buena intención? ¿Quién no ha sido víctima de  críticas gratuitas en las que se adivinan intenciones oportunistas, justificativas de hallar contenido a un empleo retribuido de dudosa utilidad?

  El asunto puede dar lugar a un largo y controversial ensayo.

  En este espacio limitado  solo  intento invitar a la reflexión: Si usted es un adulto  que a través de  años de mucho bregar ha logrado habitar una vivienda confortable, adquirir artículos que le hacen la vida agradable, disponer de comodidades, formar una familia y llevar una vida apacible, antes de  enunciar críticas públicas en relación con  personas que  afrontan  múltiples problemas, incluidos los que  ya usted resolvió, al levantar el martillo para golpear  no olvide que el metal suyo está forjado y frío,  y el del  objeto de su crítica puede ser joven, inexperto y estar al rojo vivo.

   Un golpe mal calculado desde su altura diferente, más que enderezar lo que  estima un mínimo desvío, puede ser injusto y provocar irreparables deformaciones.

   Un consejo de contemporáneo: Cerciórese de ver bien y no estar equivocado ante de esgrimir el martillo.