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DEBATE ABIERTO, la página de Roberto Pérez Betancourt

El MUNDO EN QUE VIVIMOS

Enero se reestrena en ambiente primaveral

Enero se reestrena en ambiente primaveral

 Roberto Pérez Betancourt

Mis amigos, enero reestrena nuevo año, esta vez el característico frío invernal, sino en ambiente de primavera, que incluso confunde a las aves y a la madre naturaleza, pues los árboles no pierden sus hojas con la profusión habitual de la época, e incluso algunos florecen, engañados por el Niño, ese fenómeno climatológico, bautizado así por  expertos que lo citan  como responsable de estas anomalías del tiempo, que mantienen a los abrigos engavetados,  mientras los turistas foráneos gozan de lo lindo las bondades del sol y el mar en nuestras hermosas playas,  incluso he visto a numerosos nacionales entusiasmados, dándose un rico chapuzón.

  Pero en el plano productivo agropecuario, el clima ha impuesto  variables de temperatura y precipitaciones que afectaron a los cultivos de hortalizas, la campaña  papera y  la recolección cañera, con negativos efectos que se hicieron sentir en el abasto y que comprometen siembras,  cosechas, y producción azucarera,  para lo cual, afirman especialistas, será menester trabajar con acierto para revertir afectaciones y no perder el optimismo pues 2016 apenas  se inicia  con los 31 días de enero.

  Nuevo año, olímpico y bisiesto, con febrero de 29 jornadas,  lunes ese día extra.

  Luego de los festejos de Fin de Año y Año Nuevo, comenzamos a adentrarnos en  el  cuarto lustro del siglo 21, con un año que también será  de quinceañeras para las chicas que nacieron con él en 2001.

  Y para los amantes del béisbol, este martes 5 precisamente será de pláceme con la reanudación de la Serie Nacional  en la que  los Cocodrilos matanceros  retornan   con ímpetus renovados y refuerzos que han estado rindiendo  para beneplácito de la afición, ansiosa por que su equipo se corone y reedite las hazañas pretéritas de Henequeneros y Citricultores.

  Bienvenido enero con este inusual, pero saludable ambiente primaveral.

(04/01/16)

El Orgullo de ser humano y buena persona

El Orgullo de ser humano y buena persona

   Roberto Pérez Betancourt

Hablar de sexo y de sexualidad está de moda. Se perdieron  miedos antiguos. Ya no solo somos masculinos o femeninos.

  La sociedad cada vez más  acepta mejor la existencia  de homosexuales, personas cuyas apariencias somáticas pueden ser más o menos diferentes a sus inclinaciones y preferencias sexuales reales, incluidos bisexuales, transgéneros, transexuales, travestis, y otros humanos que confiesan gustos especiales, tales como  la  convivencia e intercambio de experiencias  múltiples y gregarias.

  En  contextos donde rige la economía de mercado capitalista y los medios de difusión  se rigen por  valores que  privilegian la obtención de ganancias monetarias,  lo sexual se manipula y edita para elevarlo a categoría de máxima preferencia  televisiva y radiofónica, porque vende más publicidad, que quiere decir ingresos monetarios para los que se aprovechan y alimentan el gusto por el morbo  sexual y sus  variantes.

  Tales medios  explotan  conductas y  categorizaciones psicológicas con  prefijos de parafilias y fobias en  un universo de guiones ficticios y especulativos, “inspirados en la realidad”, donde  el calificativo homofóbico gana  espectacularidad.

   Homofóbico, en el argot de moda, no significa fobia al hombre, sino al “gay” y  califica a  personas que no aceptan lo   homosexual y otras formas que se aparten de la clásica división de hombre y mujer, llamados  heterosexuales.

  Estos heterosexuales son habitualmente  capaces de cumplir el rol natural de  formar parejas y de procrear, es decir, de reproducir a la especie humana. Pero no se excluye de esa  posibilidad a homosexuales de uno y otro sexos que conserven sus atributos biológicos reproductivos masculino o femenino, según el caso, por lo cual estos también pueden elevar la población del planeta, aunque no sea lo más común.

  Para otros usos y satisfacciones personales se inventan la proliferación de alquileres de vientres,  donación  de esperma,  adopciones controversiales de chicos y de chicas, incestos y  etcéteras, y así llegamos a expresiones tales como “el orgullo gay”, que rinde culto al homosexualismo, de lo que podríamos intuir que también podría existir el “orgullo heterosexual”, pero de este no se habla porque no vende.

   Me parece muy bien el respeto a todos, pero  muy mal el proclamado orgullo de pertenecer a una u otra tendencia o preferencia sexual.

  En mi modesta empírica opinión,  con perdón de los novísimos sexólogos y otros entendidos que se ocupan seriamente de estos temas, sería mejor sentir orgullo de ser buena persona,  honesta, sincera y  sin dobleces, de no prestarse a  shows parlantes, espectaculares y difamatorios, esos que el famoso cargue televisivo cubano reproduce, en los que se explotan y ridiculizan conductas y se induce a exacerbar ánimos, todo para vender y ganar dinero. (TVY)(21/12/15)

 

Juventud y la Memoria Histórica

Juventud y la Memoria Histórica

 Roberto Pérez Betancourt

¿Es la juventud sinónimo de inmadurez o falta de preparación? Sería un error monumental afirmar lo anterior como verdad.

Todos los que nos consideramos adultos, alguna vez fuimos jóvenes, y aun de mayores en alguna que otra ocasión seguimos actuando como inmaduros y hasta tiernos adolescentes, perretas e incomprensiones incluidas.

Pero es cierto que la juventud tiene sus propias expectativas en cualquier época, las que incluyen por lo general el afán de progresar, disfrutar de los avances tecnológicos y construir una vida propia agradable y satisfactoria. ¿Es esto criticable?

En opinión de este comentarista, quien así lo crea y los proclame como verdad absoluta está más ciego que un invidente total y causa en los jóvenes el rechazo al diálogo, al debate y a la comprensión.

De acuerdo con el doctor Eusebio Leal, historiador de la ciudad de La Habana, se necesita sincronizar el discurso con las nuevas generaciones.

Lo afirmó Leal en reciente diálogo con periodistas, donde recordó que los jóvenes no vivieron otras etapas, por lo cual parten de los referentes de sus circunstancias, lo que implica entonces atraerlos con las ideas.

En otro momento, Eusebio Leal afirmó que el subdesarrollo genera la falta de memoria histórica, por lo que esta debe ser cultivada sin saturaciones. De lo que se trata, indicó el laureado intelectual cubano, valorando el papel de la escuela cubana y del insustituible rol de la familia, es de crear más discípulos que alumnos, para que los más nuevos puedan valorar y seguir la obra a partir de las convicciones, evitando las solemnidades extremas y apostando por humanizar, bajar a los héroes de los pedestales, acercarlos con humildad y mostrarlos como las personas que fueron, sin simplificaciones.

De lo dicho citó como ejemplo los hermanos Saíz Montes de Oca, jóvenes pinareños que desde un pueblito apartado y pequeño supieron dejar un legado tan imperecedero, sobre todo por la educación y la influencia familiar que recibieron.

La familia, sin dudas, la que más puede contribuir a que hijos y nietos no se pierdan en el remolino del tiempo y en cualquier circunstancia y lugar sigan abrazando los ideales de justicia social de sus padres y abuelos.

Costosas consecuencias sociales del tabaquismo y de otros males majaderos

Costosas consecuencias sociales del tabaquismo y de otros males majaderos

 

Roberto Pérez Betancourt

Alberto se fuma dos cajetillas diarias de cigarrillos. Para él, cuyos ingresos son modestos,  representa un costo elevado. “Me estoy gastando un dineral”, comenta, y enciende el tercero de los más de cuarenta que consumirá este día.

Como muchos otros fumadores empedernidos, Alberto no se ha detenido a pensar que su vicio, sumado al de millones de compatriotas, no solo afecta sus bolsillos, sino también, y en alto grado, a la economía de todos y del país.  En mi modesta opinión, esto no es justo.

  Recordemos que los presupuestos anuales se forman a partir de los fondos que por diversas vías recauda el Estado. Entre ellos los impuestos que pagan los ciudadanos, incluido  el llamado “impuesto de circulación”, en virtud del cual el precio de las mercancías adquiere un alto costo para el consumidor.

 ¿Qué dicen los expertos?

  Veamos: La enfermedad crónica ocasionada por la adicción a la nicotina y la exposición permanente a más de siete mil sustancias  es responsable de que aproximadamente cada hora mueran dos personas en Cuba, debido a enfermedades atribuibles al consumo de tabaco.

  Reflexionemos: antes de la muerte, estuvo  la asistencia sanitaria: médicos, enfermeras, medicinas subsidiadas, ingresos hospitalarios, análisis, radiografías y etcéteras que no cuestan al enfermo, pero  merman los presupuestos por enfermedades con erogaciones  que pudieron evitarse.

  Abstenerse de fumar e  intoxicarse con el tabaquismo -como hacen ya millones de personas que han asimilado las nefastas consecuencias del vicio- contribuye a reducir los altos costos de la salud pública, que en Cuba, recordemos, es gratuita y universal.

   El tabaquismo implica además otros gastos a las arcas del Estado, tales como pago de pensiones y de períodos de incapacidad y pérdida de productividad. Es una de las causas más recurrentes de la  muerte prematura, y la familia del fumador sufre las consecuencias  económicas del costo de esa adicción, que

 Al respecto, estudios oficiales enfatizan  que en el nivel primario de atención, los fumadores hacen mayor uso de los servicios de salud, ingresan en hospitales  cuatro veces más que los no fumadores y provocan significativamente más gastos a las instituciones.

  La gran pregunta: ¿Por qué los que no fuman tienen que pagar y sufrir las consecuencias de los que, aun sabiendo el riesgo que corren, y el daño que causan, siguen echando humo?

  Por supuesto no es el único tema que invita a reflexionar sobre los “costos de la salud pública gratuita”. Otros podrían ser el alcoholismo y las consecuencias que ocasionan los  choferes de automotores que provocan “accidentes”, por citar solo dos.

 

Publicidad, necesidad y rentabilidad

Publicidad, necesidad  y rentabilidad

 Roberto Pérez Betancourt

La publicidad llamada “de bien común” acapara los mensajes televisivos  y  radiales en Cuba. Su  finalidad es orientar, educar, aconsejar. En la prensa plana suelen asumir la modalidad de “notas oficiales”, o  de “periodismo provocado”, que en la técnica se traduce en informaciones, comentarios y reportajes  no asentados en hechos noticiosos, sino en intereses divulgativos.

  Los mensajes referidos antes suelen tener determinado grado de  asimilación popular, dependiente de su efectividad comunicacional, lo que determina el grado de eficacia con el que son descodificados por el destinatario.

  Afortunadamente, por Ley, No existe en Cuba publicidad de carácter electorera.

  La otra publicidad, la comercial, hoy la estimo  insuficiente.  La dinámica económica  exige revisar viejas ataduras que  frenan su desarrollo.

  Esta publicidad comercial  dispone de  limitados espacios en los medios  radiales, nacionales y territoriales,  y también en Internet. Es casi nula en la prensa escrita.

  Los anuncios del tipo clasificado,  que  emite la radio, son gratuitos, pues los beneficiarios NO pagan por la promoción de sus servicios o productos. Solo se cobran  los que publican el directorio telefónico y algunas revistas de limitada circulación.

  Pero el consumidor doméstico, y el turista de  ocasión, desean enterarse  a diario de quién vende bienes u oferta servicios variados y necesarios, cómo se nombra, dónde radica,  cuándo pueden adquirirse esos productos, de qué calidad  y a qué precios.  Es esta una necesidad universal de la economía de producción mercantil.

  El consumidor cubano, o el extranjero de visita en Cuba,  quieren saber,  pero no hallan  respuestas suficientes a sus preguntas.

  Hoy, los medios, salvo los indicados antes,  NO cobran lo  comercial que divulgan, y el anunciado y promocionado  recibe sus benéficos efectos  sin contrapartida de costo.

   Paradójicamente, los medios de  difusión necesitan  fondos monetarios  para cubrir sus propios gastos e inversiones que no cubren los presupuestos anuales.

  De manera que, con un rango de moderación,  los  anuncios comerciales pagados, ya sean de un restaurante, tienda de artesanías, hotel de cualquier número de estrellas, zapatero, cooperativa, hostal,  u otro anunciante, en nuestro actual contexto parecen  necesarios.

  Por todo lo expuesto, y más, el tema debiera incluirse en la agenda de quienes les compete  reflexionar y decidir sobre la necesidad de ampliar,  diversificar y modernizar la publicidad comercial pagada en todo el país.

Trapos sucios entre republicanos, y aspiraciones demócratas

Trapos sucios entre republicanos, y aspiraciones demócratas

Roberto Pérez Betancourt

En Estados Unidos, la competencia por la nominación presidencial en el Partido Republicano eleva el tono de trifulcas televisadas donde se sacan trapos sucios entre los aspirantes a figurar en la boleta en noviembre de 2016.

Todos los implicados aspiran a disputarle el trono de la Casa Blanca al candidato que intente suceder a Barack Obama por los demócratas.

Las acusaciones mutuas se suceden en las discusiones televisadas.

Jeb Bush le recuerda al trigueño de apellido Rubio, -de origen cubano-, el uso indebido que hizo de los fondos de su partido cuando era senador en el estado de La Florida, y ahora, las reiteradas ausencias a la cámara alta a instancia federal, en contra de sus obligaciones de ir a trabajar, porque para eso lo eligieron los votantes.

Sobre esto último insiste el diario sureño Sun Sentinel, al reiterar que el señor Rubio es el senador que más votaciones se ha perdido este año.

El ausentista de apellido Rubio evade responder a su invisibilidad y centra sus explicaciones afirmando que si llega a la Casa Blanca revertiría todo el acercamiento logrado por las actuales administraciones de Estados Unidos y Cuba.

Es obvio. Se trata de un botón de servilismo barato dirigido a complacer a los adinerados anticubanos a fin de obtener los aportes financieros de los que tan necesitado está el muchachón, ansioso por subir al cielo.

De acuerdo con trascendidos del más reciente debate, el blanco de los ataques de la mayoría de los participantes se centró en Donald Trump y en Ben Carson, este último exitoso y ultraconservador neurocirujano, que contra todo pronóstico encabeza las encuestas de popularidad, y a las preguntas sobre las relaciones Cuba-Estados Unidos, dice que él no sabe ni papa sobre eso y antes de responder a los periodistas necesita estudiar el tema.

Le sigue en los numeritos de las encuestas el señor Trump, que ha pasado al segundo escaño.

Recuerdan expertos que ni el hombre del bisturí ni el magnate de los shows televisivos posee experiencia política.

El trigueño de apellido Rubio, apoyado por la extrema derecha, gana puntos, mientras Jeb, de la dinastía Bush, se rezaga y arrastra consigo el historial poco atrayente de su familia. Pero no está descartado, cuando faltan tres meses para iniciar las primarias, que dirán la última palabra sobre el ticket republicano.

En el bando Demócrata, cada vez más, y a pesar de intentos de desmoralizar su actuación, la señora Hillary Clinton recibe el respaldo de personalidades de su partido con mucho poder de convocatoria.

Hillary, siempre que tiene ocasión, recuerda que seguirá la política de Obama en relación con Cuba, a diferencia de todos los probables contrincantes republicanos, salvo Trump, que no necesita el apoyo financiero de nadie y, afirma que está de acuerdo con Obama en el acercamiento a Cuba.

 Mis amigos, son casos y cosas de la “primera temporada 2015” correspondiente al del big show estadounidense, la tradicional zafra $$$ de la prensa de ese país, de todos los soportes, tendencias y colores, que se extenderá hasta finales de 2016 y concluirá con la coronación de un nuevo mandatario.

Por lo pronto, Hillary repite y repite que si Obama fue el primer “afroamericano” en ceñirse la corona, ella será la primera mujer en lograrlo para también pasar a la historia…

Octubre, de cara al futuro

Octubre, de cara al futuro

 

Roberto Pérez Betancourt

Se inicia octubre, décimo mes del año, otoño latente, lluvias esperadas, necesarias; optimismo de cara al futuro, tras un final de septiembre cargado de  emociones  y discursos.

  Sobresalen los pronunciados por el papa Francisco y por el Presidente Raúl Castro.

  Como colofón de conversaciones, precisiones e informes, la  entrevista del martes último entre el mandatario estadounidense Barack Obama y Raúl,  en el norte,  cara a cara, como se tratan mejor los asuntos.

  Las agencias de Prensa  reprodujeron palabras del líder cubano,  que expresaba la voluntad de la Isla de trabajar para construir un nuevo tipo de relaciones entre los dos países, sobre principios, que  exigen el levantamiento total del bloqueo económico, comercial y financiero que sigue atenazando a las familias cubanas.

  Los más importantes rotativos y sitios digitales estadounidenses  calificaron el encuentro Raúl-Obama como uno de los principales eventos del día.

  Recordaron que  ambos mandatarios se han dirigido al Congreso estadounidense solicitando acción concreta para suprimir el arbitrario bloqueo a la Isla, mientras empresarios de todas las ramas esperan  ese minuto para echar a andar sus negocios con Cuba.

  Algunos industriales y comerciantes,  quizás más apurados o avispados, ya deambulan por La Habana, para analizar posibilidades y presentar intenciones de convenios  en un contexto  que  anuncia la visita de la secretaria de Comercio - equivalente a ministra del ramo-  Penny Pritzker, desde el martes 6 de octubre, para el proceso de normalización de relaciones y la flexibilización de las restricciones comerciales anunciadas por Washington hace una semana.

  Según se dio a conocer oficialmente, la Secretaria de Comercio se entrevistará con altos funcionarios  cubanos y copresidirá el Diálogo Regulatorio bilateral, sobre “los recientes cambios realizados a las normas de viaje, intercambio comercial y transacciones financieras”.

  El objetivo es lograr resultados a corto plazo en temas donde es posible el acuerdo, mientras se dejan para más adelante  escollos más complicados, como el bloqueo  y la Base de Guantánamo.

  Lo dicho: octubre de cara al futuro, otoño y lluvias esperadas en un devenir de esperanzas, en el que el papa sigue pidiendo que oren por él.

 

Impactante discurso de Francisco en el Congreso de EEUU: “Es mi deber construir puentes”

Impactante discurso de Francisco en el Congreso de EEUU: “Es mi deber construir puentes”

Señor Vicepresidente,

Señor Presidente,

Distinguidos Miembros del Congreso, Queridos amigos:

Les agradezco la invitación que me han hecho a que les dirija la palabra en esta sesión conjunta del Congreso en «la tierra de los libres y en la patria de los valientes». Me gustaría pensar que lo han hecho porque también yo soy un hijo de este gran continente, del que todos nosotros hemos recibido tanto y con el que tenemos una responsabilidad común.

Cada hijo o hija de un país tiene una misión, una responsabilidad personal y social. La de ustedes como Miembros del Congreso, por medio de la actividad legislativa, consiste en hacer que este País crezca como Nación. Ustedes son el rostro de su pueblo, sus representantes. Y están llamados a defender y custodiar la dignidad de sus conciudadanos en la búsqueda constante y exigente del bien común, pues éste es el principal desvelo de la política. La sociedad política perdura si se plantea, como vocación, satisfacer las necesidades comunes favoreciendo el crecimiento de todos sus miembros, especialmente de los que están en situación de mayor vulnerabilidad o riesgo. La actividad legislativa siempre está basada en la atención al pueblo. A eso han sido invitados, llamados, convocados por las urnas.

Se trata de una tarea que me recuerda la figura de Moisés en una doble perspectiva. Por un lado, el Patriarca y legislador del Pueblo de Israel simboliza la necesidad que tienen los pueblos de mantener la conciencia de unidad por medio de una legislación justa. Por otra parte, la figura de Moisés nos remite directamente a Dios y por lo tanto a la dignidad trascendente del ser humano. Moisés nos ofrece una buena síntesis de su labor: ustedes están invitados a proteger, por medio de la ley, la imagen y semejanza plasmada por Dios en cada rostro.

En esta perspectiva quisiera hoy no sólo dirigirme a ustedes, sino con ustedes y en ustedes a todo el pueblo de los Estados Unidos. Aquí junto con sus Representantes, quisiera tener la oportunidad de dialogar con miles de hombres y mujeres que luchan cada día para trabajar honradamente, para llevar el pan a su casa, para ahorrar y –poco a poco– conseguir una vida mejor para los suyos. Que no se resignan solamente a pagar sus impuestos, sino que –con su servicio silencioso– sostienen la convivencia. Que crean lazos de solidaridad por medio de iniciativas espontáneas pero también a través de organizaciones que buscan paliar el dolor de los más necesitados.

Me gustaría dialogar con tantos abuelos que atesoran la sabiduría forjada por los años e intentan de muchas maneras, especialmente a través del voluntariado, compartir sus experiencias y conocimientos. Sé que son muchos los que se jubilan pero no se retiran; siguen activos construyendo esta tierra. Me gustaría dialogar con todos esos jóvenes que luchan por sus deseos nobles y altos, que no se dejan atomizar por las ofertas fáciles, que saben enfrentar situaciones difíciles, fruto muchas veces de la inmadurez de los adultos. Con todos ustedes quisiera dialogar y me gustaría hacerlo a partir de la memoria de su pueblo.
Mi visita tiene lugar en un momento en que los hombres y mujeres de buena voluntad conmemoran el aniversario de algunos ilustres norteamericanos. Salvando los vaivenes de la historia y las ambigüedades propias de los seres humanos, con sus muchas diferencias y límites, estos hombres y mujeres apostaron, con trabajo, abnegación y hasta con su propia sangre, por forjar un futuro mejor. Con su vida plasmaron valores fundantes que viven para siempre en el alma de todo el pueblo. Un pueblo con alma puede pasar por muchas encrucijadas, tensiones y conflictos, pero logra siempre encontrar los recursos para salir adelante y hacerlo con dignidad. Estos hombres y mujeres nos aportan una hermenéutica, una manera de ver y analizar la realidad. Honrar su memoria, en medio de los conflictos, nos ayuda a recuperar, en el hoy de cada día, nuestras reservas culturales.

Me limito a mencionar cuatro de estos ciudadanos: Abraham Lincoln, Martin Luther King, Dorothy Day y Thomas Merton.

Estamos en el ciento cincuenta aniversario del asesinato del Presidente Abraham Lincoln, el defensor de la libertad, que ha trabajado incansablemente para que «esta Nación, por la gracia de Dios, tenga una nueva aurora de libertad». Construir un futuro de libertad exige amor al bien común y colaboración con un espíritu de subsidiaridad y solidaridad.

Todos conocemos y estamos sumamente preocupados por la inquietante situación social y política de nuestro tiempo. El mundo es cada vez más un lugar de conflictos violentos, de odio nocivo, de sangrienta atrocidad, cometida incluso en el nombre de Dios y de la religión. Somos conscientes de que ninguna religión es inmune a diversas formas de aberración individual o de extremismo ideológico. Esto nos urge a estar atentos frente a cualquier tipo de fundamentalismo de índole religiosa o del tipo que fuere. Combatir la violencia perpetrada bajo el nombre de una religión, una ideología, o un sistema económico y, al mismo tiempo, proteger la libertad de las religiones, de las ideas, de las personas requiere un delicado equilibrio en el que tenemos que trabajar. Y, por otra parte, puede generarse una tentación a la que hemos de prestar especial atención: el reduccionismo simplista que divide la realidad en buenos y malos; permítanme usar la expresión: en justos y pecadores. El mundo contemporáneo con sus heridas, que sangran en tantos hermanos nuestros, nos convoca a afrontar todas las polarizaciones que pretenden dividirlo en dos bandos.

Sabemos que en el afán de querer liberarnos del enemigo exterior podemos caer en la tentación de ir alimentando el enemigo interior. Copiar el odio y la violencia del tirano y del asesino es la mejor manera de ocupar su lugar. A eso este pueblo dice: No.

Nuestra respuesta, en cambio, es de esperanza y de reconciliación, de paz y de justicia. Se nos pide tener el coraje y usar nuestra inteligencia para resolver las crisis geopolíticas y económicas que abundan hoy. También en el mundo desarrollado las consecuencias de estructuras y acciones injustas aparecen con mucha evidencia. Nuestro trabajo se centra en devolver la esperanza, corregir las injusticias, mantener la fe en los compromisos, promoviendo así la recuperación de las personas y de los pueblos. Ir hacia delante juntos, en un renovado espíritu de fraternidad y solidaridad, cooperando con entusiasmo al bien común.

El reto que tenemos que afrontar hoy nos pide una renovación del espíritu de colaboración que ha producido tanto bien a lo largo de la historia de los Estados Unidos. La complejidad, la gravedad y la urgencia de tal desafío exige poner en común los recursos y los talentos que poseemos y empeñarnos en sostenernos mutuamente, respetando las diferencias y las convicciones de conciencia.
En estas tierras, las diversas comunidades religiosas han ofrecido una gran ayuda para construir y reforzar la sociedad. Es importante, hoy como en el pasado, que la voz de la fe, que es una voz de fraternidad y de amor, que busca sacar lo mejor de cada persona y de cada sociedad, pueda seguir siendo escuchada. Tal cooperación es un potente instrumento en la lucha por erradicar las nuevas formas mundiales de esclavitud, que son fruto de grandes injusticias que pueden ser superadas sólo con nuevas políticas y consensos sociales.

Apelo aquí a la historia política de los Estados Unidos, donde la democracia está radicada en la mente del Pueblo. Toda actividad política debe servir y promover el bien de la persona humana y estar fundada en el respeto de su dignidad. «Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que han sido dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos está la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad» (Declaración de Independencia, 4 julio 1776). Si es verdad que la política debe servir a la persona humana, se sigue que no puede ser esclava de la economía y de las finanzas. La política responde a la necesidad imperiosa de convivir para construir juntos el bien común posible, el de una comunidad que resigna intereses particulares para poder compartir, con justicia y paz, sus bienes, sus intereses, su vida social. No subestimo la dificultad que esto conlleva, pero los aliento en este esfuerzo.

En esta sede quiero recordar también la marcha que, cincuenta años atrás, Martin Luther King encabezó desde Selma a Montgomery, en la campaña por realizar el «sueño» de plenos derechos civiles y políticos para los afro-americanos. Su sueño sigue resonando en nuestros corazones. Me alegro de que Estados Unidos siga siendo para muchos la tierra de los «sueños». Sueños que movilizan a la acción, a la participación, al compromiso. Sueños que despiertan lo que de más profundo y auténtico hay en los pueblos.
En los últimos siglos, millones de personas han alcanzado esta tierra persiguiendo el sueño de poder construir su propio futuro en libertad. Nosotros, pertenecientes a este continente, no nos asustamos de los extranjeros, porque muchos de nosotros hace tiempo fuimos extranjeros. Les hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de inmigrantes.

Trágicamente, los derechos de cuantos vivieron aquí mucho antes que nosotros no siempre fueron respetados. A estos pueblos y a sus naciones, desde el corazón de la democracia norteamericana, deseo reafirmarles mi más alta estima y reconocimiento. Aquellos primeros contactos fueron bastantes convulsos y sangrientos, pero es difícil enjuiciar el pasado con los criterios del presente. Sin embargo, cuando el extranjero nos interpela, no podemos cometer los pecados y los errores del pasado. Debemos elegir la posibilidad de vivir ahora en el mundo más noble y justo posible, mientras formamos las nuevas generaciones, con una educación que no puede dar nunca la espalda a los «vecinos», a todo lo que nos rodea. Construir una nación nos lleva a pensarnos siempre en relación con otros, saliendo de la lógica de enemigo para pasar a la lógica de la recíproca subsidiaridad, dando lo mejor de nosotros. Confío que lo haremos.

Nuestro mundo está afrontando una crisis de refugiados sin precedentes desde los tiempos de la II Guerra Mundial. Lo que representa grandes desafíos y decisiones difíciles de tomar. A lo que se suma, en este continente, las miles de personas que se ven obligadas a viajar hacia el norte en búsqueda de una vida mejor para sí y para sus seres queridos, en un anhelo de vida con mayores oportunidades. ¿Acaso no es lo que nosotros queremos para nuestros hijos? No debemos dejarnos intimidar por los números, más bien mirar a las personas, sus rostros, escuchar sus historias mientras luchamos por asegurarles nuestra mejor respuesta a su situación. Una respuesta que siempre será humana, justa y fraterna. Cuidémonos de una tentación contemporánea: descartar todo lo que moleste. Recordemos la regla de oro: «Hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes» (Mt 7,12).

Esta regla nos da un parámetro de acción bien preciso: tratemos a los demás con la misma pasión y compasión con la que queremos ser tratados. Busquemos para los demás las mismas posibilidades que deseamos para nosotros. Acompañemos el crecimiento de los otros como queremos ser acompañados. En definitiva: queremos seguridad, demos seguridad; queremos vida, demos vida; queremos oportunidades, brindemos oportunidades. El parámetro que usemos para los demás será el parámetro que el tiempo usará con nosotros. La regla de oro nos recuerda la responsabilidad que tenemos de custodiar y defender la vida humana en todas las etapas de su desarrollo.

Esta certeza es la que me ha llevado, desde el principio de mi ministerio, a trabajar en diferentes niveles para solicitar la abolición mundial de la pena de muerte. Estoy convencido que este es el mejor camino, porque cada vida es sagrada, cada persona humana está dotada de una dignidad inalienable y la sociedad sólo puede beneficiarse en la rehabilitación de aquellos que han cometido algún delito. Recientemente, mis hermanos Obispos aquí, en los Estados Unidos, han renovado el llamamiento para la abolición de la pena capital. No sólo me uno con mi apoyo, sino que animo y aliento a cuantos están convencidos de que una pena justa y necesaria nunca debe excluir la dimensión de la esperanza y el objetivo de la rehabilitación.

En estos tiempos en que las cuestiones sociales son tan importantes, no puedo dejar de nombrar a la Sierva de Dios Dorothy Day, fundadora del Movimiento del trabajador católico. Su activismo social, su pasión por la justicia y la causa de los oprimidos estaban inspirados en el Evangelio, en su fe y en el ejemplo de los santos.

¡Cuánto se ha progresado, en este sentido, en tantas partes del mundo! ¡Cuánto se viene trabajando en estos primeros años del tercer milenio para sacar a las personas de la extrema pobreza! Sé que comparten mi convicción de que todavía se debe hacer mucho más y que, en momentos de crisis y de dificultad económica, no se puede perder el espíritu de solidaridad internacional. Al mismo tiempo, quiero alentarlos a recordar cuán cercanos a nosotros son hoy los prisioneros de la trampa de la pobreza. También a estas personas debemos ofrecerles esperanza. La lucha contra la pobreza y el hambre ha de ser combatida constantemente, en sus muchos frentes, especialmente en las causas que las provocan. Sé que gran parte del pueblo norteamericano hoy, como ha sucedido en el pasado, está haciéndole frente a este problema.

No es necesario repetir que parte de este gran trabajo está constituido por la creación y distribución de la riqueza. El justo uso de los recursos naturales, la aplicación de soluciones tecnológicas y la guía del espíritu emprendedor son parte indispensable de una economía que busca ser moderna pero especialmente solidaria y sustentable. «La actividad empresarial, que es una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos, puede ser una manera muy fecunda de promover la región donde instala sus emprendimientos, sobre todo si entiende que la creación de puestos de trabajo es parte ineludible de su servicio al bien común» (Laudato si’, 129). Y este bien común incluye también la tierra, tema central de la Encíclica que he escrito recientemente para «entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común» (ibíd., 3). «Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos» (ibíd., 14).

En Laudato si’, aliento el esfuerzo valiente y responsable para «reorientar el rumbo» (N. 61) y para evitar las más grandes consecuencias que surgen del degrado ambiental provocado por la actividad humana. Estoy convencido de que podemos marcar la diferencia y no tengo alguna duda de que los Estados Unidos –y este Congreso– están llamados a tener un papel importante. Ahora es el tiempo de acciones valientes y de estrategias para implementar una «cultura del cuidado» (ibíd., 231) y una «aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza» (ibíd., 139). La libertad humana es capaz de limitar la técnica (cf. ibíd., 112); de interpelar «nuestra inteligencia para reconocer cómo deberíamos orientar, cultivar y limitar nuestro poder» (ibíd., 78); de poner la técnica al «servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral» (ibíd., 112). Sé y confío que sus excelentes instituciones académicas y de investigación pueden hacer una contribución vital en los próximos años.

Un siglo atrás, al inicio de la Gran Guerra, «masacre inútil», en palabras del Papa Benedicto XV, nace otro gran norteamericano, el monje cisterciense Thomas Merton. Él sigue siendo fuente de inspiración espiritual y guía para muchos. En su autobiografía escribió: «Aunque libre por naturaleza y a imagen de Dios, con todo, y a imagen del mundo al cual había venido, también fui prisionero de mi propia violencia y egoísmo. El mundo era trasunto del infierno, abarrotado de hombres como yo, que le amaban y también le aborrecían. Habían nacido para amarle y, sin embargo, vivían con temor y ansias desesperadas y enfrentadas».

Merton fue sobre todo un hombre de oración, un pensador que desafió las certezas de su tiempo y abrió horizontes nuevos para las almas y para la Iglesia; fue también un hombre de diálogo, un promotor de la paz entre pueblos y religiones.

En tal perspectiva de diálogo, deseo reconocer los esfuerzos que se han realizado en los últimos meses y que ayudan a superar las históricas diferencias ligadas a dolorosos episodios del pasado. Es mi deber construir puentes y ayudar lo más posible a que todos los hombres y mujeres puedan hacerlo. Cuando países que han estado en conflicto retoman el camino del diálogo, que podría haber estado interrumpido por motivos legítimos, se abren nuevos horizontes para todos. Esto ha requerido y requiere coraje, audacia, lo cual no significa falta de responsabilidad. Un buen político es aquel que, teniendo en mente los intereses de todos, toma el momento con un espíritu abierto y pragmático. Un buen político opta siempre por generar procesos más que por ocupar espacios (cf. Evangelii gaudium, 222-223).

Igualmente, ser un agente de diálogo y de paz significa estar verdaderamente determinado a atenuar y, en último término, a acabar con los muchos conflictos armados que afligen nuestro mundo. Y sobre esto hemos de ponernos un interrogante: ¿por qué las armas letales son vendidas a aquellos que pretenden infligir un sufrimiento indecible sobre los individuos y la sociedad? Tristemente, la respuesta, que todos conocemos, es simplemente por dinero; un dinero impregnado de sangre, y muchas veces de sangre inocente. Frente al silencio vergonzoso y cómplice, es nuestro deber afrontar el problema y acabar con el tráfico de armas.

Tres hijos y una hija de esta tierra, cuatro personas, cuatro sueños: Abraham Lincoln, la libertad; Martin Luther King, una libertad que se vive en la pluralidad y la no exclusión; Dorothy Day, la justicia social y los derechos de las personas; y Thomas Merton, la capacidad de diálogo y la apertura a Dios. Cuatro representantes del pueblo norteamericano.

Terminaré mi visita a su País en Filadelfia, donde participaré en el Encuentro Mundial de las Familias. He querido que en todo este Viaje Apostólico la familia fuese un tema recurrente. Cuán fundamental ha sido la familia en la construcción de este País. Y cuán digna sigue siendo de nuestro apoyo y aliento. No puedo esconder mi preocupación por la familia, que está amenazada, quizás como nunca, desde el interior y desde el exterior. Las relaciones fundamentales son puestas en duda, como el mismo fundamento del matrimonio y de la familia. No puedo más que confirmar no sólo la importancia, sino por sobre todo, la riqueza y la belleza de vivir en familia.

De modo particular quisiera llamar su atención sobre aquellos componentes de la familia que parecen ser los más vulnerables, es decir, los jóvenes. Muchos tienen delante un futuro lleno de innumerables posibilidades, muchos otros parecen desorientados y sin sentido, prisioneros en un laberinto de violencia, de abuso y desesperación. Sus problemas son nuestros problemas. No nos es posible eludirlos. Hay que afrontarlos juntos, hablar y buscar soluciones más allá del simple tratamiento nominal de las cuestiones. Aun a riesgo de simplificar, podríamos decir que existe una cultura tal que empuja a muchos jóvenes a no poder formar una familia porque están privados de oportunidades de futuro. Sin embargo, esa misma cultura concede a muchos otros, por el contrario, tantas oportunidades, que también ellos se ven disuadidos de formar una familia.
Una Nación es considerada grande cuando defiende la libertad, como hizo Abraham Lincoln; cuando genera una cultura que permita a sus hombres «soñar» con plenitud de derechos para sus hermanos y hermanas, como intentó hacer Martin Luther King; cuando lucha por la justicia y la causa de los oprimidos, como hizo Dorothy Day en su incesante trabajo; siendo fruto de una fe que se hace diálogo y siembra paz, al estilo contemplativo de Merton.

Me he animado a esbozar algunas de las riquezas de su patrimonio cultural, del alma de su pueblo. Me gustaría que esta alma siga tomando forma y crezca, para que los jóvenes puedan heredar y vivir en una tierra que ha permitido a muchos soñar. Que Dios bendiga a América.(TVY)(RPB)(Cubadebate)(25/09/15)