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DEBATE ABIERTO, la página de Roberto Pérez Betancourt

Alarma en asilos de ancianos en Estados Unidos

Alarma en asilos de ancianos en Estados Unidos

Roberto Pérez Betancourt

 

La crisis múltiple que atenaza al sistema socioeconómico en Estados Unidos desata alarma en asilos de ancianos, afectados por recortes de presupuestos, de lo que derivarán desalojos, despidos de empleados y cierre de instituciones.

   Una información de la Prensa Asociada (AP) publicada este lunes en la edición digital del Miami Herald, revela la merma significativa de fondos, y que  entró en vigor  un reajuste  para  sistemas de seguros estatales, el cual rebaja unos 16 mil millones de dólares al sostenimiento de hogares de ancianos para los próximos 10 años.

   Esa realidad se agrega a otros  recortes monetarios en las asignaciones para los  seguros oficiales de Medicare y Medicate, diseñados para cubrir parte de las necesidades de atención sanitaria,  en particular de  personas de la tercera edad.

   Es esa una circunstancia agravada por el desempleo oficial, cercano al 10 por ciento, según reportes oficiales; el subempleo que padecen millones de residentes en Estados Unidos, la ausencia de seguros médicos que afrontan casi 50 millones de personas y las constantes amenazas de deportación que pesan sobre  los  inmigrantes indocumentados.

   Ubicar a los ancianos en hogares comunes deviene práctica habitual entre los norteamericanos, cuyo estilo de vida, signado por la economía de mercado capitalista, dificulta atender a los mayores de edad cuando más estos necesitan de amor y cuidados especiales.

   A tal situación se agrega la perspectiva desagradable de que el  Congreso debate una reducción de miles de millones más a los fondos de Medicare, como parte de la reforma del sistema de servicios médicos.

   Ante esa realidad, David Hebert, vicepresidente de la Asociación de Servicios de Salud de Estados Unidos , anticipó la posibilidad de que hogares de ancianos tengan que cerrar, y precisó: "con seguridad tendremos

que cesantear empleados''.

   Los 16 mil hogares de ancianos en EE.UU.  albergaron el año pasado a 1.85 millones de personas, en comparación con 1.79 millones en  2007, según cifras de la Oficina del Censo.

   En lo que va del ejercicio en curso, 24 estados han reducido los fondos para los hogares de ancianos y otros servicios necesarios para personas de bajos ingresos, mayores o discapacitados, según el Centro de Prioridades de Presupuesto y Política, una firma de investigación sin fines de lucro con sede en Washington, refiere la AP.

   Quejas, comentarios y críticas a la creciente desatención oficial van en aumento de la mano de anécdotas  que refieren la cruda realidad que afrontan personas desvalidas en la nación más desarrollada del planeta.

   Uno de esos ejemplos resalta en la localidad de Griswold, Connecticut, donde el  único hogar de ancianos cerró hace meses debido al aumento de  costos y la imposibilidad de pagar  casi cinco millones de dólares en renovaciones necesarias para el centro de 90 camas.

   El concejal Philip Anthony relató que frente a esa situación localizó otro hogar  para su madre, de 88 años de edad, pero esta "falleció de neumonía antes de que cerrara el centro de Griswold", y añadió: "El golpe de un cierre repentino y deliberado te descorazona''.

   No menos dramático fue el caso de otra anciana, esta de 92 años y que gritaba "esta es mi casa", mientras la sacaban del hogar de ancianos y la colocaban en una ambulancia.

   ¿Qué harán los  desvalidos sin techo ni familia? ¿Cómo se las arreglarán  quienes no pueden atender a sus padres y abuelos porque necesitan salir a la calle en busca del sustento? ¿Cómo costear una cara institución privada para que cuide de los viejitos, si se carece de empleo para pagar la renta y la comida?

   Estas son solo algunas de las muchas preguntas que hoy atenazan a millones de familias norteamericanas, para las cuales no aparecen respuestas a la vista.

Fidel en la ONU hace 49 años: Verdades como templos

Fidel  en la ONU hace 49 años: Verdades como templos

Roberto Pérez Betancourt

 

   El discurso pronunciado por Fidel Castro el 26 de septiembre de 1960 en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), hizo historia y captó la atención unánime durante más de cuatro horas, en las que dijo verdades como templos nunca escuchadas antes allí.

   Desde su arribo al aeropuerto de Nueva York el día 19, la delegación cubana, y en particular el Líder de la Revolución, padecieron la hostilidad constante orquestada por el gobierno norteamericano, el cual dio instrucciones para dificultarle incluso el hospedaje en el hotel donde se habían realizado las reservaciones.

   El maltrato sostenido, en interés de humillar y doblegar a los revolucionarios cubanos, se revirtió contra sus promotores y avivó la expectación mundial en torno a las palabras de Fidel, quien recordó el confinamiento padecido a la isla de Manhattan, la  hostilidad oficial y el intento de aislamiento.

   Las singularidades de aquellos episodios marcaron el ridículo para la administración estadounidense, que por ser sede de las instalaciones de la ONU está obligada a garantizar trato adecuado a los delegados.

   "Nuestra oportunidad para decir la verdad es esta, y no dejaremos de decirla", adelantó Fidel, y citó hechos que desenmascaraban las bajezas de los anfitriones, incluidas sus campañas difamatorias en la prensa estadounidense y las que evidenciaban la explotación sistemática a que sometía el gran capital a los pueblos y naciones humildes del planeta.

   Una frase del orador descartaba cualquier ilusión en los poderosos: "El capital financiero imperialista es una ramera que no puede seducirnos". Ganó cintillos de prensa y sigue siendo hoy expresión de la firme voluntad revolucionaria de resistir.

   Fidel relató la verdadera historia de la independencia de Cuba frente al colonialismo español, desenmascaró los añejos propósitos estadounidenses de anexarse a la Isla. Recordó que la soberanía finalmente había sido conquistada y el pueblo cubano no estaba dispuesto a cederla a ningún precio y la defendería hasta las últimas consecuencias.

   No faltó la denuncia de atropellos padecidos y las injusticias que a través de muchos años los gobiernos norteamericanos han cometido contra las naciones latinoamericanas y caribeñas.

   Como colofón, dio a conocer La Declaración de La Habana, acordada por más de un millón de cubanos reunidos en la capital del país, el dos de septiembre de ese mismo año, que proclama la condena a la explotación del hombre por el hombre, y la explotación de los países subdesarrollados por el capital financiero imperialista.

   Una frase del discurso, pronunciada para un futuro por venir, ha recordado reiteradamente la esencia misma del pensamiento expuesto ante el mundo por Fidel Castro: "Desaparezca la filosofía del despojo y habrá desaparecido la filosofía de la guerra".

   Medio siglo ha transcurrido desde que los barbudos bajaron de la Sierra y desacataron las órdenes de Washington; cinco decenios en los que no ha cesado la hostilidad del Norte contra la Isla caribeña; 10 lustros de resistencia heroica, que hoy reafirma el verbo de Fidel, pleno de vigencia, cuando dijo verdades como templos que siguen en pie.

 

No pudieron impedirlo

No pudieron impedirlo

Roberto Pérez Betancourt

 

Juanes y sus amigos sonaron alto y lindo desde la Plaza de la Revolución en La Habana, y el concierto la Paz sin fronteras se difundió el domingo por el mundo, acompañado de los aplausos y las alegrías sin edades de  más millones de cubanos reunidos en torno del histórico escenario y frente a televisores.  

   Lindas canciones: clásicos y estrenos;  mucho sentimiento   compartido por la paz verdadera entre los hombres; horas de disfrute musical  bajo el fuerte sol caribeño, inédito coro improvisado por incontables gargantas cubanas y de muchas otras nacionalidades reunidas en torno a la voluntad de amar, de reír, de derribar barreras.

  No lo pudieron  impedir avaros mercachifles, ni victimarios políticos vendepatrias, ni apocalípticos personajes corrompidos, ni histéricos rompe-discos de Miami…, parodiando la célebre canción de Amauri Pérez.

  La prensa amarilla del sur de la Florida, arropada de tradicional aguafiestas,  una vez más  hizo el ridículo,  después de haber orquestado su habitual  campaña de  agoreros vaticinios represivos en torno a la celebración del concierto.

  El gran espectáculo trascendió las fronteras de la Isla y viajó hasta  todos los que quisieron enterarse para disfrutar, al tiempo que comprobaban verdades sin mediadores acostumbrados a medrar; sin presentadores entrenados en manipular; sin “paparatsis” con cámaras ocultas, ni irreverentes cazadores de intimidades.

  Se disfrutó la música y la legítima intención de tender puentes de paz.

  Cuando el viernes Juanes arribó a La Habana, declaró su entusiasmo  al constatar  la alegría reinante: “La recompensa por todo el trabajo”, afirmó.

  El concierto del domingo dio amplia respuesta a su única duda compartida con Miguel  Bosé antes de la apertura: “¿Seremos capaces de cantar ante tanta gente y con tanta emoción?”  Rebasaron las expectativas. Se echaron a la gente en el corazón y el fraternal sentimiento compartido trascendió fronteras.

 In situ se percibió la contentura dinámica, y si algunas lágrimas escaparon a través de las pantallas de los televisores y en reuniones familiares, fueron de felicidad al sentir que desde La Habana las manos se extendían y los hermanos se abrazaban.

   Hubo más: la certeza de que el histerismo desatado por los eternos usufructuarios de  dádivas comparadoras de almas en quedaba reducido a sus propias conciencias.

   Lobas aulladoras, incubadores de odio, vendedores de malas intenciones, captadores de oscuras voluntades, políticos y plumíferos de verbo tarifado, pagados y comprados, enmudecieron ante tanta verdad difundida.

 La Habana fue una fiesta de domingo caliente, no solo en la Habana, sino  de San Antonio a Maisí, pasando por la cayería del archipiélago entero.

  La gente se divirtió y disfrutó sin pagar un centavo, sin gastar un ápice de dignidad, con legítima felicidad  desbordante, esa que muestra  sentimientos  verdaderos de quienes olvidan agravios, borran rencores,  miran hacia el futuro y abren puertas  y ventanas a hermanos y hermanas, a  todos los  seres humanos de buena voluntad. 

 

Concierto La paz sin fronteras: No lo impedirán los apocalípticos

Concierto La paz sin fronteras: No lo impedirán  los apocalípticos

Juanes y sus amigos están en La Habana para sonar  alto y lindo por el mundo, desde la Plaza de la Revolución,  el concierto la Paz sin fronteras.

   Lo acompañarán las alegrías sin edades de  millones de cubanos reunidos en torno del histórico escenario y frente a televisores.  

   Lindas canciones: clásicos y estrenos;  mucho sentimiento   compartido por la paz verdadera entre los hombres; horas de disfrute musical  bajo el fuerte sol caribeño, inédito coro improvisado por incontables gargantas cubanas y de muchas otras nacionalidades reunidas en torno a la voluntad de amar, de reír, de derribar barreras es el vaticinio claro,  desprejuiciado.

  No lo   impedirán avaros mercachifles, ni victimarios políticos vendepatrias, ni apocalípticos personajes corrompidos, ni histéricos rompe-discos de Miami…, parodiando la célebre canción de Amauri Pérez.

  La prensa amarilla del sur de la Florida, arropada de tradicional aguafiestas,  una vez más hace el ridículo,  después de haber orquestado su habitual  campaña de  agoreros vaticinios represivos en torno a la celebración del concierto.

  El gran espectáculo trascenderá las fronteras de la Isla y viajará hasta  todos los que quieran enterarse para disfrutar, al tiempo que comprobarán verdades sin mediadores acostumbrados a medrar; sin presentadores entrenados en manipular; sin “paparatsis” con cámaras ocultas, ni irreverentes cazadores de intimidades.

  Se disfrutará la música y la legítima intención de tender puentes de paz.

  Cuando el viernes Juanes arribó a La Habana, declaró su entusiasmo  al constatar  la alegría reinante: “La recompensa por todo el trabajo”, afirmó.

  El concierto del domingo dio amplia respuesta a su única duda compartida con Miguel  Bosé antes de la apertura: “¿Seremos capaces de cantar ante tanta gente y con tanta emoción?” 

  No tengo dudas de que rebasarán  las expectativas. Se echarán a la gente en el corazón y el fraternal sentimiento compartido trascenderá fronteras,  y si algunas lágrimas escaparan a través de las pantallas de los televisores y en reuniones familiares, serán de felicidad al sentir que desde La Habana las manos se extienden y los hermanos se abrazan.

 

Escándalo en EE.UU.: Cinco injusticias cumplen 11 años

Escándalo en EE.UU.: Cinco injusticias cumplen 11 años

Roberto Pérez Betancourt

 

   Este 12 de septiembre se cumplen 11 años de cinco injusticias inéditas en la historia procesal de Estados Unidos contra cinco seres humanos, y contra el mismo pueblo de ese país, al que le han negado conocer los detalles verídicos de este gran escándalo de opresión política.

  Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González, cinco jóvenes cubanos, fueron detenidos en la ciudad de Miami en la madrugada de aquel sábado de 1998 y enviados a cárceles de castigo. Se iniciaba así la historia  premeditada de prevaricación y ensañamiento.

  El delito imputado, reconocido por fiscales y jueces, era el haber captado y transmitido a Cuba información sobre las actividades criminales que desde hace medio siglo grupos terroristas de origen cubano asentados en Miami ejecutan  contra la Isla,  incluso dentro de los propios Estados Unidos y en otras naciones.

  Desde la radicación misma del proceso se evidenció la intención deliberada del gobierno de impedir que la verdadera justicia aflorara.

  La necesidad de Cuba de proteger a su pueblo de los criminales, quienes gozan de total impunidad en  EE.UU., fue obviada y refutada por quienes debieran de haber defendido la ley de su propio país.

   Esa ley precisa  que  si se actúa para prevenir un daño mayor, incluso si él/ella viola la ley en el proceso, estará exento de cualquier penalidad, porque la sociedad reconoce la necesidad, incluso los beneficios, de ejecutar esa acción.

  A este derecho de necesidad han acudido recurrentemente los propios gobiernos estadounidenses para instrumentar las peculiaridades de su lucha “antiterrorista”, incluidas guerras de agresión contra otros países.  Pero en el caso de Cuba se le ha negado el simple derecho de informarse sobre cómo, cuando y dónde será agredido su pueblo.

  El caso presenta los más atractivos detalles para una historia formidable en la prensa norteamericana, incluso para un serial de televisión de costa a costa, basado en sucesos reales, como gusta apuntar a los realizadores para subrayar el carácter verídico de la narración.

   A pesar de esa realidad, solo en Miami el caso de los Cinco recibió gran publicidad parcializada, conforme a la influencia de los grupos terroristas,  en abierta confabulación con las propias autoridades norteamericanas, mientras los detenidos permanecían durante 17 meses aislados en “el hueco” de sus prisiones.

  Fuera de esa localidad, desde el principio la gran prensa se plegó a las manipulaciones políticas oficiales y ha desconocido la historia, con lo cual ha faltado al deber elemental de informar con objetividad, y ha impedido que la sociedad norteamericana adquiera conciencia de la gran injusticia  que prevalece en su país.

  La mala conducta de la Fiscalía, de prevaricación real, fue uno de los factores principales en los cuales se basó la decisión unánime del panel del Tribunal de Apelaciones, en 2005, para anular las condenas de los Cinco y ordenar un nuevo juicio. (Court of Appeals for the Eleventh Circuit, No. 01-17176, 03-11087).

  Esa histórica decisión fue posteriormente anulada por la mayoría del tribunal bajo presión del Fiscal General Alberto Gonzáles, en acción contraria a la que supondría la práctica corriente del Derecho de los Estados Unidos, como ha subrayado Ricardo Alarcón, presidente del Parlamento cubano.

En el transcurso de los 11 años últimos se han sucedido apelaciones y reclamos de prestigiosas personalidades mundiales a favor de Los Cinco, incluso ante la Corte Suprema de Estados Unidos, los cuales han sido desoídos.

 Obviamente, la mala intención política del gobierno sigue pesando sobre jueces y magistrados.

  El 13 de octubre próximo se producirá una vista de resentencia en los casos de Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Fernando González, en la propia Miami. Será otro ejercicio más dentro del marco de la jurisprudencia estadounidense.

  Mientras tanto, en ciudades y pueblos de Estados Unidos, y allende las fronteras de ese país, cientos de comités de activistas en pro de la libertad de Los Cinco prosiguen esfuerzos por hacer trascender la verdad de medios alternativos, en mítines y conferencias.

   La intención se fundamenta en la experiencia de que un gran movimiento humano puede mover montañas, y lograr que finalmente los Cinco cubanos sean excarcelados y retornen al seno de sus familias. En eso andan decenas de miles, corriendo la voz sobre el gran escándalo, sumando voluntades, multiplicando acciones, soñando despiertos…

 

Vigentes principios de Primera Declaración de La Habana

Vigentes principios de Primera Declaración de La Habana

  Roberto Pérez Betancourt 

Con iguales fundamentos de hace 49 años, hoy se mantienen vigentes los principios de  la Primera Declaración de La Habana, aprobada por  más de un millón de cubanos, el dos de septiembre de 1960 en la Plaza Cívica, después nombrada Plaza de la Revolución José Martí.

   La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba, suceso inédito en los anales de Latinoamérica, fue legítimamente constituida como fuente de derecho democrático.

   Allí la voluntad popular  condenó la resolución que, a instancias de EE.UU., habían aprobado los   cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA) en agosto de 1960, encaminada a aislar y sentar bases para la abierta intervención militar estadounidense en la Isla, (texto anulado semanas atrás).

   Para endulzar sus propósitos a los oídos de los cancilleres enviados por gobernantes venales, la representación norteamericana anunció un préstamo de 600 millones de dólares a naciones del área, sin ocultar el garrote con el que esperaba golpear el "atrevimiento" cubano de desacatar la prepotencia norteña y aspirar a autogobernarse.

   La historia recuerda la actitud digna de los cancilleres de Venezuela, Ignacio Luis Arcaya, y el de Perú, Raúl Porras Barrenechea, quienes desconocieron las instrucciones abyectas de sus respectivos gobiernos, se negaron a firmar la declaración de San José, y posteriormente   renunciaron a sus cargos. También el verbo justo y afilado del cubano Raúl Roa, que le valió el calificativo de Canciller de la Dignidad.

   Luego de desmenuzar los infundios y premeditaciones plasmados en ese documento, Fidel caracterizó aquella reunión: "Se estaba afilando allí el puñal que en el corazón de la Patria cubana quiere clavar   la mano criminal del imperialismo yanki".

   El líder revolucionario reiteró la decisión de Cuba de no admitir los tradicionales injerencismos en sus asuntos internos y expuso el propósito de los cubanos de avanzar en la construcción de una patria digna y soberana.

   En ejercicio de esa soberanía, el pueblo cubano ratificó  el establecimiento de relaciones diplomáticas con  la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y   la República Popular China, y aceptó la ayuda solidaria que brindaban ambos países en caso de que la Isla fuera invadida.

   Otros acuerdos trascendentes fueron los de cesar el Tratado militar con EE.UU., que desde años anteriores había impuesto la nación norteña a Cuba, y suprimir relaciones  con el régimen de Taiwán.

   El fervor revolucionario se desbordó cuando Fidel Castro rompió un ejemplar de  la injerencista resolución de la OEA, negándole cualquier valor representativo de la voluntad de los pueblos americanos.

   En un contexto caracterizado por  continuas agresiones del gobierno estadounidense, opuesto al avance de la Revolución y de  leyes populares que se habían dictado a favor de los campesinos y los trabajadores todos, la respuesta contundente de los cubanos fue la aprobación unánime de la Primera Declaración de La Habana.

   El documento contiene principios que signan  propósitos soberanos de la mayor de las Antillas y proclaman  los derechos del hombre latinoamericano.

   Sus proféticos vaticinios se materializan hoy  en los  avances políticos y sociales, y de cooperación mutua entre  países latinoamericanos y caribeños.

   Sin medias tintas, "condena enérgicamente la intervención abierta y criminal que durante más de un siglo ha ejercido el imperialismo norteamericano sobre todos los pueblos de América Latina".

   Y Añade: "...al extender la amistad hacia el pueblo norteamericano --el pueblo de los negros linchados, de los intelectuales perseguidos, de los obreros forzados a aceptar la dirección de gángsters--, reafirma la voluntad de marchar ’con todo el mundo y no con una parte de él."

Fidel Castro, un hombre para todos los siglos

Fidel Castro, un hombre para todos los siglos

Fidel Castro, un hombre para todos los siglos

Roberto Pérez Betancourt

 

   El máximo líder de la Revo9lución Cubana, Fidel Castro --en la foto reciente con el pastor Lucius Walker--, cumplió el jueves 13 de agosto  83 años de edad, y la prensa de todas las latitudes dedicó espacios estelares a comentar la personalidad y la obra de quien, sin necesidad de hipérboles literarias, es universalmente reconocido como un hombre para todos los siglos.

   No valen adjetivos superfluos. No los necesita quien ha conquistado el respeto de quienes admiran la inteligencia humana puesta al servicio de causas justas.

   A sus 83 años, Fidel Castro demuestra estar en posesión de lucidez y capacidad intelectual admirables.

   Porque se puso del lado de los humildes, y por ellos ha combatido todo el tiempo, Fidel tiene un altar en el corazón de todo cubano agradecido, de los que moran en la patria y de los que por alguna razón personal residen en otros lares.

   Basta revisar  un instante las páginas de Internet para apreciar esta verdad  en publicaciones de gran renombre, y especialmente en las alternativas, las que no se deben al gran capital ni responden a perfiles editoriales pagados por el odio y el terrorismo cavernícola, especialmente el  hospedado en Miami. 

    Fidel cosecha su siembra de amor en felicitaciones y otras demostraciones afectivas.

   Este abogado de austeras raíces campesinas, que pudo haber gozado de comodidades económicas, hizo historia en el siglo 20, la sigue haciendo en el 21, y a él habrá que acudir siempre en el devenir cuando se quiera hallar razonamientos pertinentes y lúcidos en circunstancias diversas.

  Jurista, guerrillero, estadista de brillos especiales, polémico, orador de estilo y recursos, escritor fecundo, pensador constante…,  son algunos de los atributos expresados en  la obra de un hombre que no cesa de repetir una y otra vez el pensamiento de su maestro mayor, José Martí, el apóstol de la independencia de Cuba frente al colonialismo español:  Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.

   En este minuto, vale especialmente el verbo de los cinco cubanos luchadores antiterroristas, injustamente prisioneros desde hace casi 11 años en Estados Unidos. A nombre de todos ellos, expresa el mensaje enviado desde detrás de los barrotes que no pueden apresar el pensamiento:  Nunca dejaremos de ser orgullosos herederos de su obra. Y agrega René, también de cumpleaños en esta fecha: y fieles depositarios de su ejemplo… Es un mensaje que suscribirían millones de personas en el mundo. 

En el cumpleaños 53 de un hombre que espera

En el cumpleaños 53 de un hombre que espera


René González Sehwerert cumple 53 años de edad este 13 de agosto, los 11 últimos detrás de los barrotes de una prisión inmerecida en Estados Unidos, donde todavía espera el momento en que la voluntad política del gobierno de ese país se digne honrar a la razón, permita que aflore la justicia y lo ponga en libertad.
Víctima de una conspiración, René, al igual que sus compañeros Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Fernando González y Antonio Guerrero --todos luchadores antiterroristas--, fue condenado por su accionar para descubrir y revelar los proyectos criminales de elementos anticubanos asentados en el sur de la Florida.
Es una historia reveladora de complicidades entre sucesivas administraciones norteamericanas y elementos mafiosos quienes a lo largo de medio siglo han causado infinidad de daños a las familias cubanas, y que increíblemente la gran prensa silencia haciéndole el juego a la mafia y a la extrema derecha fundamentalista.
Once años de cautiverio es mucho tiempo para un hombre inocente, el cual ha visto una y otra vez frustrados los intentos judiciales por esclarecer la verdad, motivados por trabas leguleyas de fiscales y prevaricación de magistrados en un país que, paradójicamente, alardea de tradición democrática e independencia de poderes.
La intención es lograr que el preso se rinda y se pliegue a chantajes. Pero René González, como sus cuatro amigos en prisión, es de los hombres que no se rinden nunca porque su voluntad está forjada en ideales dignos y a su propio bienestar anteponen la seguridad de sus conciudadanos.
La esposa, Olga Salanueva, víctima de maltratos, prisión y deportación, una y otra vez ha visto negado el permiso para visitar en la cárcel al hombre amado, en violación de las propias leyes norteamericanas, castigo adicional no dictado por ningún tribunal, impuesto con la malsana intención de la venganza.
Sobre ese amor inconmovible, la palabra de René:
"Hemos tenido que soñarnos mutuamente durante las dos terceras partes de nuestro matrimonio, aferrándonos a los ocho años de felicidad plena que hemos compartido juntos y en los que hemos constituido nuestra hermosa familia.
"Sobre ese período de una alegría casi perfecta, y mucho amor, se sostienen los sueños de un futuro juntos al que sigo mirando con optimismo; y donde la veo a ella hermosa en su madurez, sonriendo mucho y llena de ternura. Espero poder retribuirle con creces su fidelidad, su cariño incondicional y los valores humanos que ha vertido sobre nuestra relación."
En este cumpleaños 53 de un hombre que sigue esperando, coincidente la fecha con el 83 del líder de la Revolución Cubana Fidel Castro, la tristeza no tiene lugar, porque el optimismo desborda sentimientos y en alas del recuerdo los besos pensados seguirán fortaleciendo la ilusión del reencuentro anhelado.
Encarcelar al amor sigue siendo misión imposible.