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DEBATE ABIERTO, la página de Roberto Pérez Betancourt

Che, 48 años después de su entrada en el reino de los inmortales

Che, 48 años después de su entrada en el reino de los inmortales

    Roberto Pérez Betancourt

Este 9 de octubre se cumplen 48 años de la entrada de Ernesto Guevara de la Serna, Che, en el reino de los seres humanos inmortales, condición conquistada sobre la base de su ejecutoria sobre la tierra, caracterizada esencialmente por su entrega a la causa de los humildes, el desinterés personal, la abnegación y la rara condición de ejercer una especie de sacerdocio sin altar ni iglesias, que lo convertiría en una especie de santo hacedor del bien, a quien los indígenas del sur le siguen encendiendo velas e implorando milagros que, afirman, él concede desde el ignoto paraje imaginario donde fue a reinar junto a otros de su singular estirpe.

   Como hemos referido antes, amigos y enemigos, elogiadores o detractores, desde diferentes ópticas y matices de crítica y tolerancia, a través de los últimos años han pretendido interpretar el pensamiento  y la acción política y revolucionaria de Che, a quien conocí y traté en calidad de Ministro de Industrias, cuando me gradué en la Escuela para Administradores de Empresas, que él fundó en 1960, y de la que egresaron los primeros cuadros a finales del 61 para asumir las riendas de entidades nacionalizadas por el naciente Gobierno Revolucionario, tras el triunfo el primero de  enero de 1959.

    Muchos han tratado de interpretar las ideas guevarianas en los diferentes aspectos en los que Che asumió responsabilidades a cuenta y riesgo, tan disímiles como las de Comandante guerrillero, funcionario del gobierno, combatiente internacionalista en varios escenarios, Ministro Presidente del Banco Nacional, impulsor del movimiento de Racionalizadores e innovadores, apasionado defensor del sistema de financiamiento presupuestario y de lo que llamó literalmente “desestímulo material”, porque en su visión de futuro solo así se forjaría la conciencia de un hombre nuevo, desprendido del interés monetario e impulsado por la conciencia de servir a la sociedad sobre la base del trabajo voluntario…

  Se puede estar de acuerdo o no con las  prédicas de Che en todas las esferas citadas, y en otras  en las que transcurrió su vida corta sobre la tierra. Pero a pesar de distintos enfoques e intereses que mueven polémicas   en torno a la personalidad de Che Guevara, como ser humano,  estadista, político y combatiente, la influencia del ejemplo  multifacético que emana de su ejecutoria integral se agiganta en la medida en que transcurre el tiempo, desde su asesinato  el 9 de octubre de 1967 en la aldea boliviana de La Higuera.

  Esencia de esa mística universal es un principio que guió  todas las acciones de Ernesto: la actuación personal no debe desligarse de la palabra del individuo.

  Ni el joven inquieto que recorrió Sudamérica en motocicleta,  ni el conspirador, ni el guerrillero en la Sierra Maestra o el  político y Ministro en Cuba, ni el combatiente internacionalista en África y Bolivia, admitieron actitudes de doble moral.

  La idea inconmovible, la que guió todos los pasos del mismo  hombre, fue que sólo se puede dirigir a partir del ejemplo.

  Esa verdad rompe todos los linderos, gana simpatías, enrumba conductas y ayuda a humanizar a quien sea capaz de  interiorizarla y actuar en consecuencia para rebelarse contra  la injusticia, hombre o mujer, joven o adulto, en cualquier  sitio y a toda hora.

  Por eso no sorprende que en manifestaciones obreras, desfiles,  mítines estudiantiles o asambleas campesinas, foros  internacionales y debates domésticos, desde la aldea hasta el  ámbito más universal, se cite a Che Guevara como paradigma de justicia y humanidad, y su imagen multiplicada recorra  avenidas y tapice escuelas y hogares, se eleve en pancartas y  aparezca sobre camisetas y hasta tatuada en la piel de los humanos.

  Reitero: No se trata precisamente de un culto religioso específico,  aunque, en sitios humildes, indios y aldeanos encienden velas  e imploran milagros mientras evocan a Che Guevara.

  Y es que Che pertenece a todos. A los que piensan y actúan  conforme a una cultura formada en aulas de estudios y  sedimentada en razonamientos de lo justo y provechoso, hasta  aquellos que reaccionan conforme al credo que espiritualmente los engendró, incluidos los que profesan ortodoxas  denominaciones religiosas, presumen de ser laicos o se confiesan ateos.

   Algunos con la intención de confundir han pretendido dar una interpretación torcida a las motivaciones guerrilleras y hasta  temerarias de Che, aduciendo que este buscaba la muerte, como alguna especie de inmolación inspiradora para otros.

  Esa es una apreciación inconsecuente con los análisis lúcidos que caracterizaron al Guerrillero Heroico, desde sus exposiciones teóricas hasta las decisiones tomadas in situ, en  los instantes más difíciles, y que pueden apreciarse incluso  en su Diario de Campaña en Bolivia.

  En opinión del escritor Paco Ignacio Taibo II, autor de una  biografía de Che Guevara: “No hay una vocación suicida en el  Che, pero sí existe -incluso a lo largo de su juventud- una  actitud de probarse, de buscar el límite de una manera muy racional. Una especie de ¿hasta dónde doy? La temeridad es un  aspecto obligado del tipo de proyecto que desarrolló”.

  La lucha social y revolucionaria en el siglo XXI  no plantea los mismos elementos tácticos que condujeron en 1956 al surgimiento del movimiento guerrillero en Cuba, y que  a partir de su experiencia triunfal halló eco en otras zonas latinoamericanas, donde la explotación de obreros y campesinos  por parte de la alta burguesía doméstica y los intereses  económicos foráneos mostraba relaciones propias de regímenes   esclavistas y feudales.

  Las iniciativas guerrilleras de Che no pueden descalificarse sacándolas de contexto histórico.

  Nadie puede categóricamente afirmar que en el futuro  no se repitan las condiciones que originaron la proliferación  de guerrillas como única alternativa de liberación.

   Hoy, al igual que ayer, hay situaciones especiales, como las de Cuba, que afronta una sostenida agresión y bloqueo por  parte de la mayor potencia económica y militar del Planeta,  que dura más de 50 años, lo que exige la práctica de una  doctrina militar que privilegia la preparación de su pueblo para la defensa, indispensable como táctica y vital en la  estrategia, sin renunciar al acercamiento político, al análisis de los problemas pendientes, pero sobre la base de que la soberanía nacional no es tema de discusión, sino principio de sustentación.

  De nada valdría a los humildes de siempre acceder al poder  político en su país sin consolidar las bases que garanticen su independencia económica y la posibilidad real de defenderse  ante las amenazas y los ataques de las aves de rapiña  imperiales.

  Ciertamente,48 años después de la entrada de Che en el Olimpo de los humanos inmortales, su ejemplo ético, patriótico y de solidaridad  internacionalista  sigue sembrando esperanzas, nutre de  juventud, vigoriza la rebeldía revolucionaria, inspira  voluntades, es actual y no conoce fronteras. (TVY)(Actualizado en 07/10/15)

 

 

 

Dolor e impunidad 39 años después del crimen de Barbados

Dolor e impunidad 39 años después del crimen de Barbados

  Roberto Pérez Betancourt

Treinta y nueve años después del impacto terrorista que conmocionó al pueblo de Cuba y al mundo entero al saber del  sabotaje a la nave de Cubana de Aviación, tras despegar del aeropuerto de Barbados, el seis de octubre de 1976, todavía los familiares de los 73 pasajeros que iban a bordo no se han repuesto del dolor causado por lo que para ellos sigue siendo la increíble ausencia de sus seres amados.

Ni uno solo de los restos humanos pudo ser rescatado.

El mar tragó los cadáveres de  57 cubanos, incluidos todos  los integrantes de los equipos juveniles de esgrima  de Cuba, femenino y masculino, 11 guyaneses, la mayoría estudiantes becarios en la Isla, y cinco funcionarios coreanos.

La noticia actual es que  Luis Posada Carriles, uno de los principales autores intelectuales del horrendo suceso, continúa beneficiándose del  amparo que les prodiga  la Administración estadounidense en complicidad con la mafia terrorista que en el sur de la Florida ha cumplido valiosos encargados contra Cuba y los cubanos de la Isla.

Desde el inicio mismo de las investigaciones Posada Carriles y Orlando Bosch –fallecido-- surgieron como los principales autores intelectuales de la masacre. Las autoridades norteamericanas conocían los detalles,  pero ocultaron información a los tribunales venezolanos que conocieron del caso.

Es una  aseveración  basada en  documentos de la Agencia Central de Investigaciones (CIA) y el Buró Federal de Investigaciones (FBI) estadounidenses,  desclasificados años después de los hechos.

Tales revelaciones se añaden al tratamiento privilegiado que las administraciones estadounidenses han brindado a los  terroristas, que no han pagado por sus crímenes.

La mano tenebrosa de la CIA estuvo involucrada en el crimen de Barbados.

Hernán Ricardo y Freddy Lugo, dos mercenarios venezolanos que colocaron la  bomba en el trayecto de Trinidad-Tobago a Barbados y se bajaron del avión   en este punto, volvieron a Trinidad, fueron arrestados y confesaron de   inmediato su participación.

Ambos afirmaron que trabajaban para la CIA y mostraron sus credenciales, como testificó  el superintendente de la Policía de Barbados  ante una comisión investigadora.

Pero esa realidad no debe  extrañar a nadie, si tomamos en cuenta los tres mil 478 cubanos que han   muerto  por las acciones agresivas, incluidas la   invasión de Playa Girón y todos los actos terroristas que ha sufrido Cuba  originados en Estados Unidos, una nación cuyos gobernantes, que en nombre de un supuesto  “antiterrorismo” han invadido y masacrado a naciones enteras.

 

 

 

 

Octubre, de cara al futuro

Octubre, de cara al futuro

 

Roberto Pérez Betancourt

Se inicia octubre, décimo mes del año, otoño latente, lluvias esperadas, necesarias; optimismo de cara al futuro, tras un final de septiembre cargado de  emociones  y discursos.

  Sobresalen los pronunciados por el papa Francisco y por el Presidente Raúl Castro.

  Como colofón de conversaciones, precisiones e informes, la  entrevista del martes último entre el mandatario estadounidense Barack Obama y Raúl,  en el norte,  cara a cara, como se tratan mejor los asuntos.

  Las agencias de Prensa  reprodujeron palabras del líder cubano,  que expresaba la voluntad de la Isla de trabajar para construir un nuevo tipo de relaciones entre los dos países, sobre principios, que  exigen el levantamiento total del bloqueo económico, comercial y financiero que sigue atenazando a las familias cubanas.

  Los más importantes rotativos y sitios digitales estadounidenses  calificaron el encuentro Raúl-Obama como uno de los principales eventos del día.

  Recordaron que  ambos mandatarios se han dirigido al Congreso estadounidense solicitando acción concreta para suprimir el arbitrario bloqueo a la Isla, mientras empresarios de todas las ramas esperan  ese minuto para echar a andar sus negocios con Cuba.

  Algunos industriales y comerciantes,  quizás más apurados o avispados, ya deambulan por La Habana, para analizar posibilidades y presentar intenciones de convenios  en un contexto  que  anuncia la visita de la secretaria de Comercio - equivalente a ministra del ramo-  Penny Pritzker, desde el martes 6 de octubre, para el proceso de normalización de relaciones y la flexibilización de las restricciones comerciales anunciadas por Washington hace una semana.

  Según se dio a conocer oficialmente, la Secretaria de Comercio se entrevistará con altos funcionarios  cubanos y copresidirá el Diálogo Regulatorio bilateral, sobre “los recientes cambios realizados a las normas de viaje, intercambio comercial y transacciones financieras”.

  El objetivo es lograr resultados a corto plazo en temas donde es posible el acuerdo, mientras se dejan para más adelante  escollos más complicados, como el bloqueo  y la Base de Guantánamo.

  Lo dicho: octubre de cara al futuro, otoño y lluvias esperadas en un devenir de esperanzas, en el que el papa sigue pidiendo que oren por él.

 

Impactante discurso de Francisco en el Congreso de EEUU: “Es mi deber construir puentes”

Impactante discurso de Francisco en el Congreso de EEUU: “Es mi deber construir puentes”

Señor Vicepresidente,

Señor Presidente,

Distinguidos Miembros del Congreso, Queridos amigos:

Les agradezco la invitación que me han hecho a que les dirija la palabra en esta sesión conjunta del Congreso en «la tierra de los libres y en la patria de los valientes». Me gustaría pensar que lo han hecho porque también yo soy un hijo de este gran continente, del que todos nosotros hemos recibido tanto y con el que tenemos una responsabilidad común.

Cada hijo o hija de un país tiene una misión, una responsabilidad personal y social. La de ustedes como Miembros del Congreso, por medio de la actividad legislativa, consiste en hacer que este País crezca como Nación. Ustedes son el rostro de su pueblo, sus representantes. Y están llamados a defender y custodiar la dignidad de sus conciudadanos en la búsqueda constante y exigente del bien común, pues éste es el principal desvelo de la política. La sociedad política perdura si se plantea, como vocación, satisfacer las necesidades comunes favoreciendo el crecimiento de todos sus miembros, especialmente de los que están en situación de mayor vulnerabilidad o riesgo. La actividad legislativa siempre está basada en la atención al pueblo. A eso han sido invitados, llamados, convocados por las urnas.

Se trata de una tarea que me recuerda la figura de Moisés en una doble perspectiva. Por un lado, el Patriarca y legislador del Pueblo de Israel simboliza la necesidad que tienen los pueblos de mantener la conciencia de unidad por medio de una legislación justa. Por otra parte, la figura de Moisés nos remite directamente a Dios y por lo tanto a la dignidad trascendente del ser humano. Moisés nos ofrece una buena síntesis de su labor: ustedes están invitados a proteger, por medio de la ley, la imagen y semejanza plasmada por Dios en cada rostro.

En esta perspectiva quisiera hoy no sólo dirigirme a ustedes, sino con ustedes y en ustedes a todo el pueblo de los Estados Unidos. Aquí junto con sus Representantes, quisiera tener la oportunidad de dialogar con miles de hombres y mujeres que luchan cada día para trabajar honradamente, para llevar el pan a su casa, para ahorrar y –poco a poco– conseguir una vida mejor para los suyos. Que no se resignan solamente a pagar sus impuestos, sino que –con su servicio silencioso– sostienen la convivencia. Que crean lazos de solidaridad por medio de iniciativas espontáneas pero también a través de organizaciones que buscan paliar el dolor de los más necesitados.

Me gustaría dialogar con tantos abuelos que atesoran la sabiduría forjada por los años e intentan de muchas maneras, especialmente a través del voluntariado, compartir sus experiencias y conocimientos. Sé que son muchos los que se jubilan pero no se retiran; siguen activos construyendo esta tierra. Me gustaría dialogar con todos esos jóvenes que luchan por sus deseos nobles y altos, que no se dejan atomizar por las ofertas fáciles, que saben enfrentar situaciones difíciles, fruto muchas veces de la inmadurez de los adultos. Con todos ustedes quisiera dialogar y me gustaría hacerlo a partir de la memoria de su pueblo.
Mi visita tiene lugar en un momento en que los hombres y mujeres de buena voluntad conmemoran el aniversario de algunos ilustres norteamericanos. Salvando los vaivenes de la historia y las ambigüedades propias de los seres humanos, con sus muchas diferencias y límites, estos hombres y mujeres apostaron, con trabajo, abnegación y hasta con su propia sangre, por forjar un futuro mejor. Con su vida plasmaron valores fundantes que viven para siempre en el alma de todo el pueblo. Un pueblo con alma puede pasar por muchas encrucijadas, tensiones y conflictos, pero logra siempre encontrar los recursos para salir adelante y hacerlo con dignidad. Estos hombres y mujeres nos aportan una hermenéutica, una manera de ver y analizar la realidad. Honrar su memoria, en medio de los conflictos, nos ayuda a recuperar, en el hoy de cada día, nuestras reservas culturales.

Me limito a mencionar cuatro de estos ciudadanos: Abraham Lincoln, Martin Luther King, Dorothy Day y Thomas Merton.

Estamos en el ciento cincuenta aniversario del asesinato del Presidente Abraham Lincoln, el defensor de la libertad, que ha trabajado incansablemente para que «esta Nación, por la gracia de Dios, tenga una nueva aurora de libertad». Construir un futuro de libertad exige amor al bien común y colaboración con un espíritu de subsidiaridad y solidaridad.

Todos conocemos y estamos sumamente preocupados por la inquietante situación social y política de nuestro tiempo. El mundo es cada vez más un lugar de conflictos violentos, de odio nocivo, de sangrienta atrocidad, cometida incluso en el nombre de Dios y de la religión. Somos conscientes de que ninguna religión es inmune a diversas formas de aberración individual o de extremismo ideológico. Esto nos urge a estar atentos frente a cualquier tipo de fundamentalismo de índole religiosa o del tipo que fuere. Combatir la violencia perpetrada bajo el nombre de una religión, una ideología, o un sistema económico y, al mismo tiempo, proteger la libertad de las religiones, de las ideas, de las personas requiere un delicado equilibrio en el que tenemos que trabajar. Y, por otra parte, puede generarse una tentación a la que hemos de prestar especial atención: el reduccionismo simplista que divide la realidad en buenos y malos; permítanme usar la expresión: en justos y pecadores. El mundo contemporáneo con sus heridas, que sangran en tantos hermanos nuestros, nos convoca a afrontar todas las polarizaciones que pretenden dividirlo en dos bandos.

Sabemos que en el afán de querer liberarnos del enemigo exterior podemos caer en la tentación de ir alimentando el enemigo interior. Copiar el odio y la violencia del tirano y del asesino es la mejor manera de ocupar su lugar. A eso este pueblo dice: No.

Nuestra respuesta, en cambio, es de esperanza y de reconciliación, de paz y de justicia. Se nos pide tener el coraje y usar nuestra inteligencia para resolver las crisis geopolíticas y económicas que abundan hoy. También en el mundo desarrollado las consecuencias de estructuras y acciones injustas aparecen con mucha evidencia. Nuestro trabajo se centra en devolver la esperanza, corregir las injusticias, mantener la fe en los compromisos, promoviendo así la recuperación de las personas y de los pueblos. Ir hacia delante juntos, en un renovado espíritu de fraternidad y solidaridad, cooperando con entusiasmo al bien común.

El reto que tenemos que afrontar hoy nos pide una renovación del espíritu de colaboración que ha producido tanto bien a lo largo de la historia de los Estados Unidos. La complejidad, la gravedad y la urgencia de tal desafío exige poner en común los recursos y los talentos que poseemos y empeñarnos en sostenernos mutuamente, respetando las diferencias y las convicciones de conciencia.
En estas tierras, las diversas comunidades religiosas han ofrecido una gran ayuda para construir y reforzar la sociedad. Es importante, hoy como en el pasado, que la voz de la fe, que es una voz de fraternidad y de amor, que busca sacar lo mejor de cada persona y de cada sociedad, pueda seguir siendo escuchada. Tal cooperación es un potente instrumento en la lucha por erradicar las nuevas formas mundiales de esclavitud, que son fruto de grandes injusticias que pueden ser superadas sólo con nuevas políticas y consensos sociales.

Apelo aquí a la historia política de los Estados Unidos, donde la democracia está radicada en la mente del Pueblo. Toda actividad política debe servir y promover el bien de la persona humana y estar fundada en el respeto de su dignidad. «Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que han sido dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos está la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad» (Declaración de Independencia, 4 julio 1776). Si es verdad que la política debe servir a la persona humana, se sigue que no puede ser esclava de la economía y de las finanzas. La política responde a la necesidad imperiosa de convivir para construir juntos el bien común posible, el de una comunidad que resigna intereses particulares para poder compartir, con justicia y paz, sus bienes, sus intereses, su vida social. No subestimo la dificultad que esto conlleva, pero los aliento en este esfuerzo.

En esta sede quiero recordar también la marcha que, cincuenta años atrás, Martin Luther King encabezó desde Selma a Montgomery, en la campaña por realizar el «sueño» de plenos derechos civiles y políticos para los afro-americanos. Su sueño sigue resonando en nuestros corazones. Me alegro de que Estados Unidos siga siendo para muchos la tierra de los «sueños». Sueños que movilizan a la acción, a la participación, al compromiso. Sueños que despiertan lo que de más profundo y auténtico hay en los pueblos.
En los últimos siglos, millones de personas han alcanzado esta tierra persiguiendo el sueño de poder construir su propio futuro en libertad. Nosotros, pertenecientes a este continente, no nos asustamos de los extranjeros, porque muchos de nosotros hace tiempo fuimos extranjeros. Les hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de inmigrantes.

Trágicamente, los derechos de cuantos vivieron aquí mucho antes que nosotros no siempre fueron respetados. A estos pueblos y a sus naciones, desde el corazón de la democracia norteamericana, deseo reafirmarles mi más alta estima y reconocimiento. Aquellos primeros contactos fueron bastantes convulsos y sangrientos, pero es difícil enjuiciar el pasado con los criterios del presente. Sin embargo, cuando el extranjero nos interpela, no podemos cometer los pecados y los errores del pasado. Debemos elegir la posibilidad de vivir ahora en el mundo más noble y justo posible, mientras formamos las nuevas generaciones, con una educación que no puede dar nunca la espalda a los «vecinos», a todo lo que nos rodea. Construir una nación nos lleva a pensarnos siempre en relación con otros, saliendo de la lógica de enemigo para pasar a la lógica de la recíproca subsidiaridad, dando lo mejor de nosotros. Confío que lo haremos.

Nuestro mundo está afrontando una crisis de refugiados sin precedentes desde los tiempos de la II Guerra Mundial. Lo que representa grandes desafíos y decisiones difíciles de tomar. A lo que se suma, en este continente, las miles de personas que se ven obligadas a viajar hacia el norte en búsqueda de una vida mejor para sí y para sus seres queridos, en un anhelo de vida con mayores oportunidades. ¿Acaso no es lo que nosotros queremos para nuestros hijos? No debemos dejarnos intimidar por los números, más bien mirar a las personas, sus rostros, escuchar sus historias mientras luchamos por asegurarles nuestra mejor respuesta a su situación. Una respuesta que siempre será humana, justa y fraterna. Cuidémonos de una tentación contemporánea: descartar todo lo que moleste. Recordemos la regla de oro: «Hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes» (Mt 7,12).

Esta regla nos da un parámetro de acción bien preciso: tratemos a los demás con la misma pasión y compasión con la que queremos ser tratados. Busquemos para los demás las mismas posibilidades que deseamos para nosotros. Acompañemos el crecimiento de los otros como queremos ser acompañados. En definitiva: queremos seguridad, demos seguridad; queremos vida, demos vida; queremos oportunidades, brindemos oportunidades. El parámetro que usemos para los demás será el parámetro que el tiempo usará con nosotros. La regla de oro nos recuerda la responsabilidad que tenemos de custodiar y defender la vida humana en todas las etapas de su desarrollo.

Esta certeza es la que me ha llevado, desde el principio de mi ministerio, a trabajar en diferentes niveles para solicitar la abolición mundial de la pena de muerte. Estoy convencido que este es el mejor camino, porque cada vida es sagrada, cada persona humana está dotada de una dignidad inalienable y la sociedad sólo puede beneficiarse en la rehabilitación de aquellos que han cometido algún delito. Recientemente, mis hermanos Obispos aquí, en los Estados Unidos, han renovado el llamamiento para la abolición de la pena capital. No sólo me uno con mi apoyo, sino que animo y aliento a cuantos están convencidos de que una pena justa y necesaria nunca debe excluir la dimensión de la esperanza y el objetivo de la rehabilitación.

En estos tiempos en que las cuestiones sociales son tan importantes, no puedo dejar de nombrar a la Sierva de Dios Dorothy Day, fundadora del Movimiento del trabajador católico. Su activismo social, su pasión por la justicia y la causa de los oprimidos estaban inspirados en el Evangelio, en su fe y en el ejemplo de los santos.

¡Cuánto se ha progresado, en este sentido, en tantas partes del mundo! ¡Cuánto se viene trabajando en estos primeros años del tercer milenio para sacar a las personas de la extrema pobreza! Sé que comparten mi convicción de que todavía se debe hacer mucho más y que, en momentos de crisis y de dificultad económica, no se puede perder el espíritu de solidaridad internacional. Al mismo tiempo, quiero alentarlos a recordar cuán cercanos a nosotros son hoy los prisioneros de la trampa de la pobreza. También a estas personas debemos ofrecerles esperanza. La lucha contra la pobreza y el hambre ha de ser combatida constantemente, en sus muchos frentes, especialmente en las causas que las provocan. Sé que gran parte del pueblo norteamericano hoy, como ha sucedido en el pasado, está haciéndole frente a este problema.

No es necesario repetir que parte de este gran trabajo está constituido por la creación y distribución de la riqueza. El justo uso de los recursos naturales, la aplicación de soluciones tecnológicas y la guía del espíritu emprendedor son parte indispensable de una economía que busca ser moderna pero especialmente solidaria y sustentable. «La actividad empresarial, que es una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos, puede ser una manera muy fecunda de promover la región donde instala sus emprendimientos, sobre todo si entiende que la creación de puestos de trabajo es parte ineludible de su servicio al bien común» (Laudato si’, 129). Y este bien común incluye también la tierra, tema central de la Encíclica que he escrito recientemente para «entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común» (ibíd., 3). «Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos» (ibíd., 14).

En Laudato si’, aliento el esfuerzo valiente y responsable para «reorientar el rumbo» (N. 61) y para evitar las más grandes consecuencias que surgen del degrado ambiental provocado por la actividad humana. Estoy convencido de que podemos marcar la diferencia y no tengo alguna duda de que los Estados Unidos –y este Congreso– están llamados a tener un papel importante. Ahora es el tiempo de acciones valientes y de estrategias para implementar una «cultura del cuidado» (ibíd., 231) y una «aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza» (ibíd., 139). La libertad humana es capaz de limitar la técnica (cf. ibíd., 112); de interpelar «nuestra inteligencia para reconocer cómo deberíamos orientar, cultivar y limitar nuestro poder» (ibíd., 78); de poner la técnica al «servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral» (ibíd., 112). Sé y confío que sus excelentes instituciones académicas y de investigación pueden hacer una contribución vital en los próximos años.

Un siglo atrás, al inicio de la Gran Guerra, «masacre inútil», en palabras del Papa Benedicto XV, nace otro gran norteamericano, el monje cisterciense Thomas Merton. Él sigue siendo fuente de inspiración espiritual y guía para muchos. En su autobiografía escribió: «Aunque libre por naturaleza y a imagen de Dios, con todo, y a imagen del mundo al cual había venido, también fui prisionero de mi propia violencia y egoísmo. El mundo era trasunto del infierno, abarrotado de hombres como yo, que le amaban y también le aborrecían. Habían nacido para amarle y, sin embargo, vivían con temor y ansias desesperadas y enfrentadas».

Merton fue sobre todo un hombre de oración, un pensador que desafió las certezas de su tiempo y abrió horizontes nuevos para las almas y para la Iglesia; fue también un hombre de diálogo, un promotor de la paz entre pueblos y religiones.

En tal perspectiva de diálogo, deseo reconocer los esfuerzos que se han realizado en los últimos meses y que ayudan a superar las históricas diferencias ligadas a dolorosos episodios del pasado. Es mi deber construir puentes y ayudar lo más posible a que todos los hombres y mujeres puedan hacerlo. Cuando países que han estado en conflicto retoman el camino del diálogo, que podría haber estado interrumpido por motivos legítimos, se abren nuevos horizontes para todos. Esto ha requerido y requiere coraje, audacia, lo cual no significa falta de responsabilidad. Un buen político es aquel que, teniendo en mente los intereses de todos, toma el momento con un espíritu abierto y pragmático. Un buen político opta siempre por generar procesos más que por ocupar espacios (cf. Evangelii gaudium, 222-223).

Igualmente, ser un agente de diálogo y de paz significa estar verdaderamente determinado a atenuar y, en último término, a acabar con los muchos conflictos armados que afligen nuestro mundo. Y sobre esto hemos de ponernos un interrogante: ¿por qué las armas letales son vendidas a aquellos que pretenden infligir un sufrimiento indecible sobre los individuos y la sociedad? Tristemente, la respuesta, que todos conocemos, es simplemente por dinero; un dinero impregnado de sangre, y muchas veces de sangre inocente. Frente al silencio vergonzoso y cómplice, es nuestro deber afrontar el problema y acabar con el tráfico de armas.

Tres hijos y una hija de esta tierra, cuatro personas, cuatro sueños: Abraham Lincoln, la libertad; Martin Luther King, una libertad que se vive en la pluralidad y la no exclusión; Dorothy Day, la justicia social y los derechos de las personas; y Thomas Merton, la capacidad de diálogo y la apertura a Dios. Cuatro representantes del pueblo norteamericano.

Terminaré mi visita a su País en Filadelfia, donde participaré en el Encuentro Mundial de las Familias. He querido que en todo este Viaje Apostólico la familia fuese un tema recurrente. Cuán fundamental ha sido la familia en la construcción de este País. Y cuán digna sigue siendo de nuestro apoyo y aliento. No puedo esconder mi preocupación por la familia, que está amenazada, quizás como nunca, desde el interior y desde el exterior. Las relaciones fundamentales son puestas en duda, como el mismo fundamento del matrimonio y de la familia. No puedo más que confirmar no sólo la importancia, sino por sobre todo, la riqueza y la belleza de vivir en familia.

De modo particular quisiera llamar su atención sobre aquellos componentes de la familia que parecen ser los más vulnerables, es decir, los jóvenes. Muchos tienen delante un futuro lleno de innumerables posibilidades, muchos otros parecen desorientados y sin sentido, prisioneros en un laberinto de violencia, de abuso y desesperación. Sus problemas son nuestros problemas. No nos es posible eludirlos. Hay que afrontarlos juntos, hablar y buscar soluciones más allá del simple tratamiento nominal de las cuestiones. Aun a riesgo de simplificar, podríamos decir que existe una cultura tal que empuja a muchos jóvenes a no poder formar una familia porque están privados de oportunidades de futuro. Sin embargo, esa misma cultura concede a muchos otros, por el contrario, tantas oportunidades, que también ellos se ven disuadidos de formar una familia.
Una Nación es considerada grande cuando defiende la libertad, como hizo Abraham Lincoln; cuando genera una cultura que permita a sus hombres «soñar» con plenitud de derechos para sus hermanos y hermanas, como intentó hacer Martin Luther King; cuando lucha por la justicia y la causa de los oprimidos, como hizo Dorothy Day en su incesante trabajo; siendo fruto de una fe que se hace diálogo y siembra paz, al estilo contemplativo de Merton.

Me he animado a esbozar algunas de las riquezas de su patrimonio cultural, del alma de su pueblo. Me gustaría que esta alma siga tomando forma y crezca, para que los jóvenes puedan heredar y vivir en una tierra que ha permitido a muchos soñar. Que Dios bendiga a América.(TVY)(RPB)(Cubadebate)(25/09/15)

 

Hablar en parábola

Hablar en parábola

Roberto Pérez Betancourt

El papa Francisco cumple apretada agenda de cuatro días en Estados Unidos donde este jueves habló  ante el Congreso bicameral.

  Luego de palpar cuerpo a cuerpo  realidades y sentimientos del pueblo cubano,  donde  el Sumo Pontífice de la iglesia católica  dejó su mensaje de múltiples lecturas sobre humanidad y misericordia,  en parábolas que revisten la idea en forma de historias creíbles y aceptables, o en lenguaje directo, siempre con la solicitud final  equivalente a un discurso de humildad y fraternidad: “les pido que oren por mí, yo oraré por ustedes”.

  Algunos medios de prensa han considerado que el Papa es una especie de mensajero en tierras del norte para abogar por el levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero, que desde hace más de medio siglo estrangula a las familias cubanas.

  A esta suposición, el propio Francisco ha respondido, cito: “Los dos presidentes han hablado; espero que se llegue a un acuerdo que satisfaga a ambas partes”, y precisó que no hablaría “específicamente” sobre este tema ante el Congreso. Pero, añadió: “hablaré en general sobre los acuerdos como un signo de progreso en la convivencia”.

  Aquí, quienes suelen interpretar las parábolas que el papa usa en su habitual comunicación interpersonal y multitudinaria, sonrieron y aceptaron la explicación como una muestra más de  la elevada sensibilidad política del papa, por cierto el cuarto que  va a Estados Unidos, donde  tam­bién sostendrá un encuentro con el presidente Obama en la Casa Blan­ca, y cumplirá otros compromisos eclesiásticos antes de ir a Nueva York  para asistir  al Segmento de Alto Nivel de Naciones Unidas, donde por vez primera será izada la bandera del Vaticano, en calidad de estado Observador, condición que obtuvo en 2004. 

  Según lo divulgado, en  Filadelfia el papa asistirá al Encuentro Mundial de las Familias en el Seminario San Carlos Bo­rro­meo, y más tarde  hablará  ante  líderes del mundo, donde, como suele hacer, lo hará en sentido directo y en parábolas para referirse a  cosas de Dios y de los hombres.

 Recordemos que tras su partida de Cuba, el papa Francisco, que es un gran comunicador,  escribió en las redes sociales: “Gracias a todos los cubanos. Gracias de corazón”.

 

 

Cuba y el Papa acaparan espacios en la prensa internacional

Cuba y el Papa acaparan espacios en la prensa internacional

Roberto Pérez Betancourt

Cuba y el Papa Francisco; el pueblo cubano, su hospitalidad y acogida al Sumo Pontífice de la iglesia Católica; el Presidente Raúl Castro y una bienvenida cordial y actual; el mensaje del visitante y su premonición sobre el devenir, estos y otros hechos singulares vinculados con la visita que realiza a Cuba Su Santidad Francisco, dan la vuelta al mundo en todos los soportes de difusión periodística, en directo, desde La Habana.

También desde otros sitios donde la presencia del Papa seguirá movilizando multitudes de fieles y laicos, iguales y diferentes en sus expresiones de admiración hacia un ser humano que para los creyentes simboliza la máxima representación de su iglesia, y para quienes profesan otras creencias es, sobre todas las cosas, un hombre de paz que predica amor y lo practica con acciones de buena voluntad que sustentan sus discursos sobre temas bíblicos y terrenales.

Por estas y muchas otras razones, cientos de camarógrafos, reporteros, fotógrafos y otros trabajadores de los medios de difusión masiva, nacionales y llegados a la Isla desde todas las latitudes, se encargan de poner a Cuba y al Papa en primeros planos del acontecer noticioso mundial, con la prontitud y versatilidad de las tecnologías actuales y las intenciones variopintas de sus respectivas normas de edición, dictadas por intereses editoriales diversos.

Pero por sobre todas las determinantes y condicionamientos está el hecho que no puede ser pasado por alto: Cuba ha dado una singular recepción al papa de origen latinoamericano, marcado diferencias cualitativas que son resaltadas en materia de organización, disciplina, y también espontaneidad por parte de los residentes en el país y del propio Francisco y sus acompañantes, desde la llegada, los discursos, la multitudinaria acogida popular, la celebración de la misa en la Plaza de la Revolución José Martí, y el resto de la agenda del quien también oficiará misas en, Holguín y Santiago de Cuba.

Palabras significativas del Papa ganan titulares, tales como que el mundo está sediento de paz, sus lamentos ante la ola de migrantes que huyen de las guerras y su clamor de construir pequeños puentes entre las personas para lograr la fraternidad social, y su petición a los gobernantes de Cuba y Estados Unidos para que sigan avanzando en la normalización de relaciones.

También palabras del Presidente Raúl, quien destacó problemas e injusticias por reparar en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, como el bloqueo económico, comercial y financiero que aun atenaza a las familias cubanas y "debe cesar", porque es "cruel, inmoral e ilegal".

Sin dudas, por sobre todas las condicionantes editoriales, Cuba y el Papa seguirán durante los próximos días en los cintillos internacionales, acaparando miradas y reflexiones a la luz de la realidad contextual.

Pragmatismo táctico de Obama

Pragmatismo táctico de Obama

Roberto Pérez Betancourt

El presidente estadounidense  Barack Obama finalmente resolvió el dilema en que se encontraba, respecto de la inclusión de Cuba bajo las sanciones de la ley de comercio con el enemigo, y decidió prolongar  esa arbitraria situación un año más.

  Recordemos que se  trata del estatuto de 1917, al que John Kennedy recurrió en 1962 para imponer el bloqueo económico comercial y financiero  a la Isla,  que desde entonces han renovado, año tras año, los siguientes mandatarios de Estados Unidos.

  Aunque la decisión de Obama parezca contradecir su exhorto al Congreso para que levante el bloqueo económico, comercial y financiero (embargo) a la Isla, en el ámbito de las recién reanudadas relaciones diplomáticas entre ambos países y las conversaciones que sostienen encaminadas a normalizar los vínculos diplomáticos, económicos y de todo tipo,  lo cierto es que la opción que asumió Obama, aunque aparentemente contradictoria, era la única legalmente posible para que el Ejecutivo conservara sus prerrogativas de dictar medidas que progresivamente contribuyan a aflojar las riendas del bloqueo, en tanto los congresistas, como es habitual en Estados Unidos, demoren el debate del tema.

  Pragmatismo táctico sin dudas, es decir, la decisión más conveniente para la estrategia de Obama en relación con Cuba, aunque de ello resulte que nuestro país siga siendo el único en el mundo bajo la condición de  enemigo de Estados Unidos.

  No sorprende.

  Son cosas propias del sistema que se hace llamar “democrático representativo” y de la lucha de poderes entre los que cada cuatro años se reparten el mayor botín electoral en la nación norteña sobre la base de sus intereses económicos.

   Lo había anticipado el abogado  Robert Muse cuando explicó que,  paradójicamente, en la situación actual, con el bloqueo dependiendo del Congreso, “La Ley de Comercio con el Enemigo es el único elemento legal que confiere la actividad ejecutiva al Presidente para relajar el embargo a Cuba”.

  En otras palabras: Obama optó por conservar durante un año más  su autoridad ejecutiva para relajar sanciones contra los cubanos en el proceso de normalización bilateral mediante decretos ejecutivos.   Esperemos que la aproveche bien en los 14 meses que restan antes de las próximas elecciones presidenciales en noviembre de 2016.

   Lo dicho: Pragmatismo táctico al estilo estadounidense.

 

Lobos de la misma camada

Lobos de la misma camada

Roberto Pérez Betancourt

Desde que el 15 de junio último Jeb Bush lanzara su candidatura a la nominación presidencial por el Partido Republicano, de cara a las elecciones de noviembre de 2016, ha transcurrido poco más de dos meses y medio, pero no ha logrado colocarse a la cabeza de la competencia, de la que participan otros 16 aspirantes.

   Aunque la inmensa mayoría de los aspirantes saben que no tendrán ni dinero ni patrocinadores para lograr sus aspiraciones, siguen ahí para incluirse en la historia de los soñadores, y eso, según valores de la gran democracia burguesa, concede méritos políticos con vista al futuro.

   En este ambiente destaca el mediotiempo Jeb Bush, ex gobernador de la Florida, amigo de sus amigos mafiosos de origen cubano, quien ha recibido el respaldo de Ileanita Ross, de los Díaz Balart y de otros lobos de la misma camada anticubana.

 Cuenta Jeb con el aval –aunque también sufre el desprestigio- de su hermano y de su papá, ambos ex presidentes yanquis de triste recordación.

  Aunque este “bushito” parece el más lógico para disputar el trono a los demócratas, no marcha delante en las encuestas. Por eso ya enfiló los cañones, contra el delantero, el poderoso cavernícola Donald Trump, ofensivo bimillonario que expulsa de sus reuniones públicas a periodistas, ofende a los hispanoparlantes, al punto que le ha solicitado al propio Jeb que no hable en español, y promete un Armagedón a los inmigrantes indocumentados en la nación norteña.

 Con ese aval, Trump se muestra como la esperanza de rescate de la supremacía blanca. Pero su partido ha vislumbrado un gran peligr: ¿Qué pasaría si Trump no logra la nominación?  Saben que si él aspira a la presidencia por la libre dividiría el voto republicano y esto equivaldría a entregarle el trono al candidato demócrata, por eso han obligado a Trump a firmar un compromiso de que no haría esa travesura y se conformaría si pierde la nominación.

¿Cumpliría Trump su promesa? Está por ver.

Aunque todavía falta mucho para esa etapa y más para los comicios, el gran circo electoral estadounidense comienza temprano su auge para beneplácito de la prensa comercial de ese país, la más beneficiada con los gastos multimillonarios en propaganda.