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DEBATE ABIERTO, la página de Roberto Pérez Betancourt

Semántica genocida

Semántica genocida

Roberto Pérez Betancourt

Durante casi 60 años los sucesivos gobiernos estadounidenses han utilizado el término embargo para referirse realmente a su política genocida contra el pueblo cubano, mediante la cual han causado daños multimillonarios directos e indirectos a la economía de la nación isleña, donde millares de personas han perecido o sufren por falta de elementos esenciales para salvar sus vidas o aliviar dolencias, como consecuencia de acciones que niegan la posibilidad de adquirir medicamentos en la vecina nación, o incluso en otros países, como parte del escandalosa extraterritorialidad aplicada a la sanción impuesta a los cubanos por el “delito” de no ceder a las pretensiones hegemónicas de su vecino más cercano.

Al calificar la agresión como embargo, se intenta enmascarar su verdadero significado, que los cubanos y numerosos expertos justamente tipifican con el nombre de Bloqueo económico, comercial y financiero. Recordemos que en un sentido amplio el término embargo implica una declaración judicial por la que determinados bienes o derechos de contenido o valor económico quedan afectados o reservados para extinguir con ellos una obligación pecuniaria ya declarada (embargo ejecutivo) o que, previsiblemente, se va a declarar en una sentencia futura (embargo preventivo). Su función es señalar aquellos bienes, que se creen propiedad del ejecutado, sobre los cuales va a recaer la actividad ejecutiva, para evitar que salgan de su patrimonio y acaben en manos de terceros.

Las sanciones arbitrarias aplicadas por Estados Unidos a Cuba en realidad constituye una bloqueo, término de agresión militar, que aplicado a Cuba implica esfuerzos propios y coacción extraterritorial para evitar que suministros, información o ayuda proveniente de cualquier parte del mundo lleguen a la nación caribeña Como bien indican expertos, los bloqueos son la piedra angular de toda campaña militar y una opción valiosa en las guerras económicas contra una nación contraria.

El bloqueo económico que Estados Unidos impone a Cuba es cada vez más impopular dentro de la propia nación estadounidense. Pero en realidad ya no funciona el intento semántico de confundir y ocultar el verdadero significado genocida del bloqueo, que las sucesivas administraciones estadounidenses han insistido en nombrar embargo. Aumentan los críticos entre la propia derecha estadounidense por impedir a las empresas de ese país acceder a un mercado potencial estimado hoy en de cerca de cinco mil millones de dólares, según expertos.

Al mismo tiempo, analistas resaltan el daño que el bloqueo causa a los intereses de Washington en América Latina, en países de otros continentes y en particular a los propios productores e inversores estadounidenses, a quienes se les sigue negando el derecho a establecer vínculos contractuales y relaciones comerciales con entidades cubanas.

Al respecto, congresistas estadounidenses reiteradamente han intentado romper esa barrera artificial asentada en el odio y la prepotencia, que la actual administración del señor Donald Trump pretende justifica una vez más mediante maniobras politiqueras que intentan tergiversar la realidad cubana, e incluso a través del chantaje directo a países a los que amenaza con suspenderles cualquier tipo de ayuda y vínculos comerciales sin no se pliegan a las exigencias extraterritoriales del bloqueo.

Cuba está a sólo 90 millas de la frontera y es un mercado natural para los agricultores y ganaderos estadounidenses. Al igual que la Guerra Fría que creó el bloqueo se debe poner en los libros de historia, estiman algunos congresistas norteños.

No por recurrente, el bloqueo económico comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba deja de ser noticia cada año, cuando asciende el récord mundial del terrorismo de Estado aplicado por la nación más poderosa del planeta contra un pueblo pequeño en territorio, pero inconmensurable por su grandeza de voluntad y resistencia.

Es una práctica prepotente, que no escucha la mayoritaria voluntad del mundo, expresada reiteradamente en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en contra de los intentos norteamericanos de aislar y asfixiar al pueblo cubano.

Solo en el período que media desde abril del año 2017 hasta marzo de este año la cifra de daños a Cuba suma cuatro mil 321 millones 200 mil dólares, según Informe de Cuba en virtud de la resolución 72/4 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, titulada «Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba», que la nación caribeña volverá a presentar el 31 de octubre en esa sede mundial.

A pesar de los chantajes renovados, de las amenazas directas e indirectas, la comunidad internacional espera que el cierre de octubre traiga para el señor Trump nueva frustración de sus pretensiones hegemónicas y un fracaso más en la ONU, donde los aplausos de la comunidad internacional a los cubanos volverá a ensordecer la prepotencia imperial de rubio usufructuario del trono imperial en la Casa Blanca, temeroso porque las elecciones parlamentarias en su país, en noviembre próximo, podrían revertir el escenario político doméstico en sus propias narices.

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