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DEBATE ABIERTO, la página de Roberto Pérez Betancourt

Donald Trump: descendiente de inmigrantes, presidente bajo protesta de la mayoría de estadounidenses

Donald Trump: descendiente de inmigrantes, presidente bajo protesta de la mayoría de estadounidenses

 Roberto Pérez Betancourt

Vestido con los colores de la bandera estadounidense, sus blondos cabellos esta vez bien peinados y la clásica altivez en su rostro, cuyos ojo parecen mirar sin ver, hacia el infinito, el controversial multimillonario Donald Trump se convirtió el viernes 20 de enero en el presidente número 45 de la Unión, a pesar de haber obtenido menos sufragios (sobre los dos millones) que su contrincante, la también rubia Hillary Clinton.

Son cosas de la democracia electoral de la nación norteña, que otorga el Poder Ejecutivo No a quien más votos populares sume en los 50 estados, sino al que tenga la habilidad de obtener el mayor número de los llamados “votos electorales” en ellos, a través de mecanismos diversos, incluida una especie de lotería.

Trump llega a la Casa Blanca como uno de los mandatarios más impopulares de la historia norteamericana, según reveló una encuesta reciente del diario The Washington Post y la cadena ABC News.

De acuerdo con el sondeo, solo un 40 por ciento de los ciudadanos aprueba la forma en que lideró el proceso de transición del poder en las últimas semanas, cifra inferior al 80 por ciento de aval que recibió Obama al asumir su primer período al frente del país, en 2009.

Como presidentes electos, George W. Bush, William Clinton y George H. W. Bush tuvieron índices de popularidad similares a Obama, con 72, 81 y 82 por ciento, respectivamente.

Esa realidad minoritaria de Trump no escapó a los observadores y fue patentizada por millares de ciudadanos de a pie, que protestaron en las calles de Washington mientras Trump juraba el cargo y arremetía contra lo que llamó la clase política de Washington en un discurso de 20 minutos que enfatizó la vocación nacionalista matizada con ribetes fundamentalistas y xenofóbicos, cuya transmisión en vivo fue captada íntegramente en Cuba a través de la cadena Tele-Sur.

“Yo, Donald Trump, juro solemnemente que desempeñaré con fidelidad el cargo de presidente de Estados Unidos, utilizando al máximo mis capacidades para preservar, proteger y defender la Constitución”, fueron las palabras que pronunció sobre la misma biblia usada por Abraham Lincoln para asumir el puesto en 1861 y además sobre su propia biblia personal, que, según explicó Trump, fue un regalo de su señora madre cuando él era un niño.

Hoy, con el acta presidencial en su bolsillo, Trump, a decir de analistas de mucha experiencia, será un presidente impredecible, al menos en su primer año de gestión, en el que se esperan “cosas terribles”.

No cabe dudas de que Trump es tan hábil como demagogo, sin tratar de utilizar calificativos en términos peyorativos, simplemente hay que observar que él mismo incurre en las faltas que le achaca a otros de su propia especie multiadinerada, desde poseer empresas en otros países donde explota mano de obra barata, en vez de pagar mejores salarios en los propios Estados Unidos, o de utilizar la efervescencia de los insultos y las amenazas para granjearse simpatías de duda moralidad.

Sin embargo, la realidad no puede ser negada. Ahí está el rubio, rodeado de su familia, exhibiendo sus habilidades como publicista, diciendo lo que quiere escuchar un segmento amplio de la población desempleada, golpeada por la economía del capitalismo salvaje, desposeída por los más ricos –como el propio Trump- blanco también de los devastadores efectos de las políticas neoliberales, exclusión social, y analfabetismo político.

Como recuerdan analistas, Trump dijo, e hizo, antes de entrar a la Casa Blanca, cosas terribles: desde acusar a los mexicanos (y por extensión a todos los “latinos”) de ser violadores seriales, narcotraficantes y asesinos hasta declarar públicamente, para horror de los alemanes, que era “germanofóbico”. O de provocar al dragón chino llamando por teléfono a la presidenta de Taiwán, lo que motivó una inusualmente dura protesta de Beijing; decirles a los europeos que la OTAN es una organización obsoleta y que lo del Brexit fue una buena decisión.

El septuagenario Trump, esposo, padre y descendiente de inmigrantes, de una poderosa familia del sector inmobiliario. Nació el 14 de junio de 1946 en Nueva York, como uno de los cinco hijos de Mary AnneMacLeod y Fred Trump, casados en 1936. Sus cuatro hermanos son Fred, Jr. (actualmente fallecido), Robert, Maryanne y Elizabeth.

Su madre era una inmigrante escocesa, nacida en la isla de Lewis, y sus abuelos paternos, inmigrantes alemanes.

Con una infancia normal en Jamaica Estates, Trump asistió al theKew-ForestSchool en ForestHills, en Queens, junto a algunos de sus hermanos hasta que, a los 13 años, por tener problemas de conducta, sus padres lo enviaron a la Academia Militar de Nueva York.

Más tarde, Trump fue a la Universidad de Fordham en el Bronx durante dos años, y continuó sus estudios en la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania, porque esta última tenía uno de los pocos programas de estudios dedicados al sector inmobiliario, donde se graduó en 1968 con un Bachiller en Ciencias de la Economía.

Donald Tump se ha casado en tres ocasiones. Tiene cinco hijos con ocho nietos. En 1977 se casó con Ivana Zelníčková, con quien posee tres: Donald Jr. (1977), Ivanka (1981) y Eric (1984). Se divorció en 1992 y un año más tarde, en 1993, se casó con Marla Maples, con quien tuvo una hija, Tiffany (1993). Se divorciaron el 8 de junio de 1999. El 22 de enero de 2005 contrajo nupcias con Melania Knauss (nacida en Eslovenia), y tuvo a Barron William, el quinto de sus descendientes, en marzo de 2006. (Con informaciones biográficas de Trump Donald)

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