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DEBATE ABIERTO, la página de Roberto Pérez Betancourt

Cuba y las Olimpíadas: Realidades Ilustran e invitan a reflexionar

Cuba y las Olimpíadas: Realidades Ilustran e invitan a reflexionar

Roberto Pérez Betancourt

En la foto Yarisley Silva: Plata en salto con pértiga olímpica y oro días después en Grand Prix

 La delegación olímpica cubana en Londres superó la actuación de cuatro años atrás en Beijing, cuando solo se cosecharon dos preseas de oro.

Es esta una verdad literal, pero, como suele suceder también en economía, las comparaciones frías entre períodos, moviendo los datos estadísticos de acuerdo con la intención de subrayar, en realidad resulta engañosa.

Las 14 preseas conquistadas por los atletas cubanos en la cita londinense (4 oro, 4 plata, 6 bronce), no son, en si mismas, elementos argumentales para sacar conclusiones apresuradas.

El mismo razonamiento estadístico a la inversa podría recordar que en Barcelona, Cuba archivó 14 títulos dorados.

Pero tampoco sería comparación objetivamente ilustrativa de lo mal, de lo peor, de lo regular y de lo que debe ser cambiado. Es cierto que Cuba terminó en el lugar 16 con arreglo a los títulos alcanzados y los aplausos prodigados a los que se vistieron de oro Mijaín, Idays, Robeisy y Roniel, son merecidos, al igual que los prodigados a los restantes atletas que subieron al podio de premiaciones con metales plateados y bronceados, y a los que no recibieron preseas, pero echaron el resto en pos de la victoria en acciones verídicas.

Es menester analizar deporte por deporte para constatar que Cuba no estuvo representada en ninguna competencia de colectivos, y que el atletismo solo aportó una medalla de plata y otra de bronce, un saldo muy por debajo de la expectativa de la afición, la lógica de los entrenamientos realizados previa cita olímpica en la que de los participantes se espera, al menos, un acercamiento a sus registros personales, aunque no subieran al podio de premiación.

Una vez más se interpuso una valla entre las piernas de Dayron Robles en mega estadios, de nuevo se vio como, lamentablemente, Savigne declinaba ante las cámaras y en otros casos, las actuaciones de los deportistas, después de haber estado en entrenamientos especializados durante períodos importantes, mostraron resultados frustrantes, al menos ante los ojos del público que sigue las competencias y comenta lo que escucha y lo que ve en las pantallas de la televisión.

Comentaristas de larga experiencia en el sector han llamado al necesario “análisis a camisa quitada”. No es la primera vez que se escucha esa exhortación a la autopsia. No es peyorativo. Sabido es que los médicos forenses de calidad pueden descubrir verdades que a veces permanecen ocultas ante los propios ojos de otros especialistas.

 Más allá de resultados y mediocridades, al igual que en la ciencia y la tecnología, el deporte tampoco debe quedar al margen de la realidad económica nacional, de la necesidad de ajustar presupuestos y establecer prioridades con arreglo a posibilidades, y no a deseos, entre otras cosas para que el discurso sea consecuente con la ejecutoria.

 Parece saludable ajustar las inversiones, los presupuestos en general y la cantidad de disciplinas de alto rendimiento al potencial real, demostrado, de los atletas formados y en vías de formación, como es el caso, por ejemplo de Hanser García, un joven que no subió al podio pero cuya actuación evidenció que tiene mucho de lo que a otros les falta para llegar a planos estelares.

Concentrar las posibilidades reales y no malgastarlas en quimeras. Comprender que nuestra economía no alcanza para representaciones numerosas y que la objetividad debe presidir la selección de quienes han de competir en eventos de significación, atendiendo a la calidad de los concurrentes de otras naciones, porque no es lo mismo la pista de unos juegos Centroamericanos y del Caribe, que la Olimpíada.

 Poco, pero bueno, es mucho mejor que mucho, pero caro e ineficiente. El Deporte no puede ser ajeno a las realidades económicas del país. 

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