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Remesas monetarias desde EE.UU. a Cuba: ¿Un laberinto sin salida?

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Roberto Pérez Betancourt

 

El envío de remesas monetarias a Cuba desde Estados Unidos sigue transitando por un intrincado laberinto de prohibiciones y alternativas costosas, desde que en octubre de 2020 el gobierno de Donald Trump radicalizó las restricciones destinadas a asfixiar a las familias cubanas. Su sucesor, Joe Biden, las mantuvo, pero la voluntad familiar de ayudar encuentra salidas, aunque a un precio elevado.

Es obvio que intereses políticos domésticos condicionan la actuación del señor  Biden, quien actúa en contra de las promesas públicas que hizo durante su campaña electoral, cuando anunció que si resultaba elegido volvería a normalizar las relaciones con la mayor de las Antillas, para lo cual le bastaría con aplicar  la Directiva Presidencial para la Normalización EE UU-Cuba, aprobada por Obama en octubre de 2016.

 Es tendencia en el juicio de analistas internacionales que el conjunto de disposiciones incluidas en el referido documento abarca todas las instrucciones para promover la llamada “política de compromiso”, que en su día instrumentó el señor Obama, primer presidente estadounidense en visitar a Cuba después del primero de enero de 1959.

Recordemos que Trump prohibió las relaciones de la compañía Western Union con las instituciones cubanas encargadas de tramitar las remesas a Cuba, específicamente FINCIMEX.

 De hecho, el mandatario, perdedor de los últimos comicios presidenciales, unilateralmente interrumpió el flujo  de remesas por canales regulares e institucionales, con lo cual estableció una brutal penalización al  nivel de vida de la población cubana, sin ninguna base, en alarde inescrupuloso de una soberbia patológica que lo caracteriza y la reiteración de mentiras, como la que propagó contra las fuerzas armadas cubanas al pregonar que éstas se quedaban con entre el 20 y el 40 por ciento del dinero remesado.

  Aunque siempre han existido canales irregulares para el envío de dinero desde EE.UU., la empresa estadounidense Western Union era la principal entidad encargada de esa gestión por la cual cobraba al emisor de la remesa cinco dólares por cada 100 que se mandaba a la Isla, en concepto de comisión comercial. Esa entidad cerró sus oficinas en Cuba el 23 de noviembre de 2020 , lo que en su omento destacaron las agencias internacionales de noticias .

Por servicios prestados, la propia Western Union pagaba a FINCIMEX un dólar por cada cien remesado, práctica internacional común en este sector de las finanzas.

 FINCIMEX ha subrayado la falsedad de que el gobierno cubano o las fuerzas armadas se apropiaran de parte del dinero remesado a Cuba desde Estados Unidos, pues el destinatario recibía el monto total.

Los bancos comerciales de Cuba aceptan remesas desde sus homólogos en el exterior. FINCIMEX es la empresa ciento por ciento civil con el encargo estatal de ejecutar las remesas enviadas a Cuba mediante empresas financieras según la infraestructura establecida, la experiencia acumulada y el sistema normativo acorde con las reglas internacionales para ese tipo de transacción.

 

 Las medidas restrictivas instrumentadas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro norteamericano también afectan en Cuba a American International Services (AIS).

  De acuerdo con declaraciones públicas de FINCIMEX, el manejo de las remesas procedentes de EEUU vía Western Union era  una operación de altos riesgos financieros, toda vez que los montos eran pagados al receptor antes de recibirse el pago desde la compañía estadounidense. Era un riesgo asumido debido a la importancia del servicio para los consumidores.

Pero hay quienes en Estados Unidos proponen que las remesas se realicen sin participación del gobierno cubano y, en particular, sin la mediación de FINCIMEX.

FINCIMEX ha reiterado: “Cada país dispone y organiza en su territorio nacional la recepción de remesas conforme mejor determine, cumpliendo con sus propias leyes y con normativas internacionales. Se trata de una prerrogativa soberana. Estados Unidos no puede dictarle eso a ningún país. Pretenderlo es una violación del Derecho Internacional...En realidad, nuestro gobierno no tiene un papel directo en la recepción de remesas... El papel del gobierno, en uso de sus prerrogativas soberanas, es designar a FINCIMEX como la entidad encargada de esta gestión. Ningún gobierno extranjero, incluyendo el de EEUU, tiene derecho a dictarle a Cuba qué empresa puede gestionar remesas y cuál no”.

Canales irregulares para hacer llegar dinero a las familias en Cuba

  Como se puede apreciar, las arbitrarias disposiciones de la Administración estadounidense afectan a las entidades financieras de ese país, en particular a la Western Union, y eleva los costos de las personas que envían el dinero a través de medios alternativos, que cobran 30 dólares y más por cada 100.

  Igualmente, esa vía alternativa --incluidas entidades financieras con asiento en Europa y en otras regiones, que se anuncian en Internet-- es empleada por los remitentes para transferir dólares a las tarjetas en Moneda Libremente Convertible (MLC) de las personas naturales en Cuba, generalmente a través de una tercera moneda, que finalmente se expresa en dólares en la red comercial cubana en MLC. 

  No escapa a la imaginación que cuando próximamente se regularicen y aumenten los vuelos entre EE.UU. y Cuba, las llamadas” mulas” volverán a trasegar monedas convertibles.   

  Desde que el año pasado el gobierno cubano eliminó un gravamen de 10% al uso de dólares, como parte de las medidas para enfrentar la pandemia, se incrementaron los depósitos en monedas estadounidense en la isla.

  Pero el Banco Central de Cuba (BCC) suspendió temporalmente los depósitos en efectivo en dólares en el país por parte de los cubanos y de los extranjeros, a partir del 21 de junio de este año, por lo que no pueden ser cambiados por moneda nacional ni depositados en tarjetas en MLC.  

  El BNC explicó que esa decisión obedece a los obstáculos del bloqueo económico, comercial y financiero de carácter extra territorial que impone Estados Unidos a Cuba, lo que particularmente se refleja en el sistema bancario nacional, imposibilitado de   depositar en el exterior el efectivo en dólares estadounidenses que se recauda en el país, informó el diario Granma.

  En este contexto, recordemos que la disposición del gobierno cubano de no aceptar dólares en efectivo en sus bancos, en muchos casos obliga a los remitentes a enviar euros u otra moneda de curso legal internacional mediante agencias varias que se anuncian en Internet, con el consiguiente costo adicional por la tasa de cambio.

   En círculos financieros y periodísticos en el exterior se especula con variantes probables en relación con el dólar y las remesas después del 15 de noviembre, fecha fijada por Cuba para abrir sus fronteras a vuelos desde el exterior. Un despacho de la agencia francesa de prensa se encarga de difundir el suceso venidero: “Cuba reabrirá gradualmente sus fronteras a los turistas a partir del 15 de noviembre, sin requerir pruebas de PCR a su llegada como lo hace actualmente, con el fin de reactivar esa vital actividad económica para la isla, anunció el Ministerio de Turismo”.

  Lógicamente se espera un incremento progresivo de viajeros hacia la Isla, turistas y especialmente cubanos residentes en el exterior, ansiosos de ver a sus familiares, quienes, lógicamente, cargarán con divisas en efectivo, lo que impactará en el mercado y contribuirá a la reactivación del comercio…

 La expectativa mediata forma parte inseparable del laberinto de las remesas monetarias desde Estados Unidos, hoy con salidas alternativas muy onerosas para los cubanos todos.

 Ese laberinto podría tener solución expedita directa cuando el actual presidente Joe Biden se digne respetar sus promesas electorales.

 El año 2022 podría marcar un antes y un después en relación con la política estadounidense hacia Cuba, según el resultado de las elecciones de mitad de mandato (midterm elections) en el vecino norteño, las que ocurren entre dos comicios presidenciales. En ellas se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes, donde hoy los demócratas de Biden mantienen pequeña ventaja numérica, y un tercio de los 100 puestos del Senado, dividido actualmente al 50 por ciento entre demócratas y republicanos. (TVY)14/10/21)

 

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