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DEBATE ABIERTO, la página de Roberto Pérez Betancourt

Lupa histórica: La advertencia de Maquiavelo…

Lupa histórica: La advertencia de Maquiavelo… https://youtu.be/OBNSYuPZ20s

 

Roberto Pérez Betancourt

 

En Playa Girón, hace 63 años, los combatientes revolucionarios conscientemente defendieron el socialismo y en su nombre conquistaron la victoria que trascendería su importancia militar en el contexto nacional y repercutiría en la conciencia de hombres y mujeres de otros países. 

En la Segunda Declaración de La Habana –febrero de 1962—Fidel Castro se refirió a la importancia de la Revolución cubana en su trascendente significado en América Latina y en el mundo, cuando expresó: “Frente a la acusación de que Cuba quiere exportar su revolución, respondemos: las revoluciones no se exportan, las hacen los pueblos. Lo que Cuba puede dar a los pueblos, y ha dado ya, es su ejemplo. ¿Y qué enseña la revolución cubana? Que la revolución es posible, que los pueblos pueden hacerla, que en el mundo contemporáneo no hay fuerzas capaces de impedir el movimiento de liberación de los pueblos”.

 A partir de Playa Girón los humildes de América serían un poco más libres y sabrían que, a pesar de la propaganda imperial, decir socialismo no sería más una mala palabra.

 Hace más de cinco siglos, el florentino Nicolás Maquiavelo, considerado un genio en el arte militar, alertó: "Quien fíe su poder en las tropas mercenarias nunca lo tendrá firme y seguro, porque carecen de unión, son ambiciosas, indisciplinadas, infieles, valerosas contra los amigos y cobardes contra los enemigos". 

El 17 de marzo de 1960, el general Dwight D. Eisenhower, entonces presidente de los Estados Unidos de América, ignoró la advertencia del diplomático florentino y ordenó a la Agencia Central de Inteligencia (CIA en inglés) armar y pagar a los apátridas mercenarios para invadir a Cuba.

 Poco más tarde correspondería al presidente siguiente, John F. Kennedy, asumir la responsabilidad de los sucesos que se desencadenaron, y que a partir de abril de 1961 siempre serían llamados en los medios oficiales de EE.UU. como “la invasión de Bahía de Cochinos”, evitando cualquier explícita alusión al nombre de Playa Girón, último reducto mercenario, donde se consumó la rendición y la gran derrota del Imperio.

 En vano los expertos analistas contratados trataron de justificar aquel formidable revés de la diplomacia y las armas yanquis. Echaron mano a aparentes contradicciones y desvergüenzas de los gobernantes, a errores logísticos, geográficos y militares para inculpar a técnicos hidrográficos, quienes habrían confundido arrecifes con playas, y a "expertos" trasnochados cuyos cálculos matemáticos habrían fallado en sincronizar operaciones aéreas, navales y terrestres. 

    NI FUTURÓLOGOS NI   ASTRÓLOGOS 

Nada de eso sirvió. Ni siquiera achacar la derrota a tribulaciones de un presidente temeroso de propaganda adversa, quien no sospechaba entonces que poco después él mismo caería asesinado en las calles de Dallas, Texas, y que un poco más adelante su hermano Robert correría semejante suerte.

 Fallaron doctores en ciencia, expertos de alto nivel académico, futurólogos y hasta astrólogos capaces de acomodar cualquier horóscopo de última hora a las fantasías de sus creyentes. Los multimillonarios gastos en propaganda se sumaron a los de la invasión misma. Pagaron los contribuyentes norteamericanos. 

La enseñanza, la moraleja de la confrontación, en cada aniversario, 63  años después, sigue siendo actual: un pueblo pequeño es capaz de vencer al opresor, aunque este posea muchas más armas y recursos económicos, siempre que el agredido cuente con la unión interna y la conciencia para mantener su lucha en cualquier circunstancia.

 Las huestes mercenarias fueron integradas reuniendo a esbirros, asesinos, politiqueros corrompidos y otros individuos que emigraron en los primeros años del triunfo armado de la Revolución cubana como representantes de las clasificaciones más degradantes de la sociedad burguesa.

 No cabe dudas que los expertos norteamericanos subestimaron al cienaguero, al obrero, al campesino. Llegaron a creer en sus propias mentiras, pues esperaban que los trabajadores se unieran a los invasores.

 El propio presidente Kennedy reconoció el error en el análisis de los factores que a su juicio determinaron la derrota.

 En Girón los combatientes revolucionarios defendieron el socialismo, y en su nombre conquistaron la victoria que trascendería su importancia militar en el contexto nacional para repercutir en la conciencia de hombres y mujeres de otros países, quienes a partir de entonces supieron que decir socialismo en América no sería más una mala palabra.

    Maquiavelo había escrito: "Los mercenarios no tienen más afición y motivo para servir con las armas que el corto estipendio que reciben, insuficiente para dar la vida por quien defienden; por ello desean el servicio en tiempo de paz, pero cuando llega la guerra, o huyen o desertan".

 A pesar de los muchos años transcurridos desde que el autor de El Príncipe escribiera sus ensayos, la lección no fue asimilada por los estudiosos del Pentágono y la CIA: La conciencia del hambre ancestral de los anónimos hombres del pueblo es una fuerza colosal.

 En contexto: 

Invasión por Playa Girón. Una brigada contrarrevolucionaria, armada, entrenada y transportada por EE.UU., arribó por la Ciénaga de Zapata, al sur de Matanzas, Cuba, la madrugada del 17 de abril de 1961. Todo el pueblo se movilizó, el Ejército y las Milicias, dirigidos por Fidel, y contraatacaron de inmediato. En 60 horas de duros combates fueron derrotados los mercenarios. Más de 150 combatientes revolucionarios murieron y varios civiles fueron asesinados por la aviación de los invasores.

Playa Girón. Es una localidad del municipio Ciénaga de Zapata, provincia Matanzas. Conocida mundialmente por los acontecimientos históricos de abril de 1961, constituye uno de los lugares más visitados del país.

El 15 de abril de 1961 aviones de guerra atacaron simultáneamente la base aérea de San Antonio de los Baños, la pista de Ciudad Libertad y el actual Aeropuerto Internacional Antonio Maceo, lo que sería el preludio de los sucesos acaecidos dos días después. La acción perseguía como objetivos destruir en tierra la escasa y anticuada fuerza aérea cubana, para asegurar la impunidad de otras incursiones enemigas por vía terrestre.

En el sepelio de las víctimas del bombardeo del 15 de abril, Fidel proclamó que: "esta Revolución Socialista la defenderíamos con el valor con que ayer nuestros artilleros antiaéreos acribillaron a balazos a los aviones agresores".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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